miércoles, 30 de octubre de 2019

La mirada del albardán






Pensar en y con los demás convierte a los hombres en trabajadores de la esperanza y constructores de sueños posibles.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de notas)

No te limites a ver y oír, mira y escucha atentamente si quieres tener opinión fundada. 
(Al-Biruni, Consejos)

El secreto del cambio es concentrar toda tu energía, no en luchar contra lo viejo, sino en la construcción de lo nuevo.
(Atribuido a Sócrates)


La vida del albardán es, a veces, azarosa. Hace poco S.M. le encomendó una misión de incógnito y visitó tierras y mares extraños. Igual que los chinos en 1421 partieron en larga travesía, él fue a descubrir en los mares del mundo ideas y pensamientos para que S.M. dispusiera de datos para mejorar su reino. Naufragó el albardán y de todo lo recogido en su viaje solo salvó algunos fragmentos del informe que iba redactando. Cuando las ideas caen al mar conviene recuperarlas y dejarlas secar, pues con el tiempo la tinta es más fácil de leer y con las frases se hilan los recuerdos y se crean de nuevo las  historias. Lo que sigue no son más que esas anotaciones fragmentadas y acartonadas por el sol y con la difusa tinta que hablaban de pensamientos y conversaciones oídas desde el mar. 

Cuando estuvo en los mares de la necesidad oyó a dos prostitutas hablar de sexo y de desnudez. Dijo una a la otra. "El encuentro más íntimo no es el sexual, es el desnudo emocional". Siempre hay miedo a quitarse la ropa, pero solo al principio, luego te acostumbras. El cuerpo es un instrumento que puedes separar de la mente. El miedo real viene cuando desnudas el alma y muestras lo que eres en cada una de tus facetas, por eso no quiero clientes repetitivos porque acabo contándoles lo que pienso.

Se sorprendió el albardán, pues creía él que hace falta tiempo, fuerza y ganas de escuchar para sentir y abrazar emociones. Auto- y heteroconocimiento. Algo que no es fácil de lograr. Si difícil es conocerse uno mismo, más lo es conocer la realidad del otro. Además, solemos ser impermeables a la empatía y al sufrimiento ajeno. Es nuestra protección natural; por eso tenemos que enseñar generosidad y altruismo, porque todos nacemos egoístas.

El desnudo emocional comienza por uno mismo, es importante que nos identifiquemos con lo que sentimos y nos demos cuenta de con qué nos sentimos cómodos o incómodos, qué pensamos y cómo podemos utilizar nuestras emociones al servicio de nuestros pensamientos sin que nos dominen.  Descubrir nuestro cuerpo emocional es imprescindible para destapar nuestros miedos, nuestros conflictos, nuestras inseguridades, nuestros logros, nuestros aprendizajes. Debemos descubrir nuestras debilidades emocionales para que nuestras reacciones no nos manejen. 

Hablaban las dos mujeres de la vida y de la seducción. Comentó la primera que la verdadera seducción no es la que se realiza a través de las palabras o del contacto de la piel con piel. Se realiza poniendo en contacto sueños y emociones para hablar el lenguaje de los abrazos del alma. Somos seres emocionales para quienes la razón es un freno que no permite una conexión total. Desnudarse emocionalmente resulta difícil, hace falta lidiar con las corazas, con las prendas que nos vuelven inaccesibles, las desilusiones, los miedos al rechazo, al abandono, a la soledad; pero solo así lograremos esos abrazos que rompen los pánicos que cierran nuestros ojos y que nos entregan al 200% en cuerpo y alma.

Cuando el albarán estuvo en los mares de la ciencia escuchó decir a un sabio que instruía a los discípulos: "La única obligación, la única que tenemos en esta vida, es no ser imbéciles". Recordó el bufón sus años mozos en los que ser imbécil era un gran insulto pues imbécil proviene del latín baculus (bastón) y señala a quienes lo necesitan en su mente. Enseñaba el maestro que hay varios tipos de imbéciles. "Están en el grupo los que creen que no quieren nada pues todo les da igual, aquellos del "culo veo, culo quiero" sea cual sea el culo, también los que no saben lo que quieren y ni se molestan en saberlo pues todo les va bien. Curiosamente también aquellos que saben lo que quieren y el porqué lo quieren, pero flojito y con poca fuerza, dejando al final que los demás decidan por él y convirtiéndose en víctima; sin olvidar a quien quiere con fuerza y con vehemencia lo que es El Bien, pero que ha confundido El Bien con lo que a él le va bien y es un simple hacer lo que quiere sin más."

Pensó el albardán para sí, que lamentablemente estos imbéciles acaban mal, pero siempre después de acabar con la esperanza de los demás. Su falta de bastón no les deja ver su desequilibrio y si se tuercen el pie es el camino que tiene la culpa, nunca ellos. Desgraciadamente la selección natural no eliminará la ignorancia de las generaciones futuras que ni se preguntarán porqué han nacido, pues la sociedad les habrá facilitado placer y gloria para evitar que piensen. En la infancia la credulidad es importante, nos ayuda a aprender rápidamente lo que los padres y la tradición enseñan. Pero si no crecemos y superamos esta etapa seremos blanco fácil de astrólogos, mediums, gurús, manipuladores e imbéciles. Necesitamos reemplazar la credulidad automática de la infancia por el escepticismo y espíritu crítico y constructivo de la ciencia adulta. 

Para ello hay que aprender lo que es contrario a ser moralmente imbécil. Es decir a tener conciencia y escucharla. La conciencia no cura la imbecilidad la erradica. La conciencia nos lleva a saber que no todo es lo mismo ni vale lo mismo; que vivir bien es vivir humanamente bien, no como individuo aislado; que hay que fijarse en lo que hacemos y saber si es lo que realmente queremos o no; que hay buenos usos y costumbres que se aprenden a base de práctica (la consideración hacia los otros, por ejemplo) y que no se deben fabricar excusas para eludir la responsabilidad de lo hecho.

Debió perderse el albardán en sus pensamientos y recuerdos pero no pudo más que asentir cuando oyó al sabio decir que: La responsabilidad no consiste solo en decir, ¡he sido yo!, sino en ser consciente de la libertad de elección de cada instante, libre de influencias y guiado solo por la razón y el íntimo convencimiento. Ser responsable implica ser consciente de que cada acto nos construye y nos define. Elegimos lo que queremos y con ello nos transformamos y construimos nuestro yo real. 

Estuvo el enviado también en otros mares atravesando el estrecho que separa el mar del placer y el mar de la moralidad, estuvo, anotó y perdió en el naufragio las notas de las que --como de las anteriores-- solo ha recuperado una pequeña parte. Pero aún debe secarse más la tinta para poder transcribirlas.


4 comentarios:

  1. "Nunca estuve tan desnuda como cuando le empecé a hablar de mis miedos".
    Coincido plenamente. Uno se desnuda cuando deja que otro le conozca más allá de un cuerpo o un nombre...
    Un gran abrazo, tanto navegar ahora entiendo que estabas algo desaparecido 😉

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    1. Gracias por la atención y el apunte Elbede 😉. La peor desnudez es la que te hace vulnerable en el alma, por eso creamos tantas corazas; no tenemos defensa contra la inseguridad de si el desnudo gustará o no o si en algún momento será objeto de burla. Por eso hay muy pocos "amigos del alma" y tantos conocidos más o menos cercanos.

      Sí, ha sido una larga travesía por los mares interiores. Hay muchos puertos que parecen consistentes y resultan ser de humo denso. Por suerte la nave era fuerte y no zozobró como la del relato. :))

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  2. En nuestra sociedad actual, no está bien aceptado demostrar determinadas emociones sobre todo, aquellas que han sido etiquetadas como negativas, tales como la rabia, la tristeza, el dolor, o el miedo y por tanto hay que reprimirlas o negarlas sea como sea. Incluso en determinados ambientes es aceptado gozar de un buen psquiatra al que explicarle todos problemas y emociones, para luego no tener la necesidad de expresarlas en su entorno social. Opino que la felicidad no se basa en anular las emociones incómodas, que tienen un por qué en nuestras vidas, sino en saber aceptarlas y aprender a gestionarlas,de manera que para valorar la vida, necesitamos contrastes y estos no surgen si nunca nos encontramos con situaciones que nos ponen en jaque.

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    1. Tienes razón, está mal vista la negatividad. Nada frena, solo se desacelera... nada va mal, solo estamos cerca del objetivo que hemos modificado... Por supuesto las emociones no son una excepción. Hablar de problemas propios o sociales es feo, molesta y aburre. El psiquiatra es como el reciclador de los problemas del yo, se queda con lo malo y enseña a usar lo bueno... pero no es la solución. Solo es un apaño. Coincido en que hay que saber gestionar las situaciones pero lamentablemente eso no se enseña en ningún sitio, como tampoco se enseña a eliminar el egoísmo. Quienes así lo ven son quienes pueden intentar el cambio en su entorno.

      Gracias por el apunte :))

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