Mostrando entradas con la etiqueta cambio personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cambio personal. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de marzo de 2018

Endiosamiento


El endiosamiento me parece un lugar muy incómodo. 
(Alejandro Sanz)

Así pues, tengamos a los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Una cosa es creer a Dios y otra cosa es creer en los hombres; a veces la iglesia invierte más tiempo en estar exaltando la imagen de un hombre que al mismo Dios.
(I Corintios 4: 1-2)

El poder nos ciega y nos hace creer omnipotentes; cuando llega el último día es demasiado tarde para rectificar.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de notas)


Me llamó S.M. y me invitó a un largo paseo por los jardines reales. Iba S.M. taciturno y al preguntarle que le preocupaba me dijo que temía perder el sentido del deber real y ver solo una parte de la situación. En su entorno todo eran parabienes y pocas veces había una voz discordante que se mantuviera en el tiempo como para ser tenida en cuenta. Me preguntó como le veía yo. S.M. me permite siempre expresar mi opinión franca como buen albardán y por tanto descarado.  

-- Majestad, Vespasiano fue un hombre austero, de modesto origen que se reía de los aduladores que le inventaban una noble genealogía. Sin intención de ser considerado un dios  el Senado Romano le deificó muy a su pesar. Los políticos no dejaban de lisonjearle y alabarle, a lo que él contestaba: Me parece que poco a poco voy dejando de ser un hombre y me convierto en deidad. 

Poco a poco se van convirtiendo en deidad quienes se alejan de la realidad, sea queriendo o sea por su oficio. Sin un contacto periódico con el pueblo o con los colaboradores de a pie no se puede decidir cuáles son sus preocupaciones, ni inferirlas de unas estadísticas que siempre tienen algo de partidistas y que no son realmente significativas por cuanto las preocupaciones también se ponen de moda. Los medios de comunicación son grandes maestros en informar y en desinformar; su veracidad siempre es a medias y depende del interés que haya detrás. Tanto los eremitas que a los ojos de la población se convierten en santos como los gobernantes de pueblos y empresas hablan de unas visiones alejadas de la realidad. 

A fuerza de ver solo el futuro y de querer el bien general se actúa en contra de lo que verdaderamente importa. De poco sirve hablar de montar una industria de satélites a un pueblo que aún va en burro y diligencia. Hay un doble problema: por un lado quien no opina igual se ve como enemigo personal y por el otro se pierde la capacidad de disentir. Por eso la renovación de consejeros ha de ser obligatoria. Un buen método para mantener lejos a los aduladores  es no asegurar a nadie una estabilidad "por los servicios prestados" más allá de la que tiene cualquier ciudadano trabajador. No se ve la pobreza igual comiendo langosta que migas de pan aunque sea  cinco veces al día, ni son los intereses y preocupaciones los mismos. Todos hablan por boca de ganso, unos por ignorancia y otros por falta de conocimiento. El gobernante y el dirigente pueden tener mil ideas buenas pero han de tener a alguien al lado que filtre las solo realizables. Si no existe esa figura quien manda solo ve sus ideas. Churchill fue un líder incontestable en la conducción de la guerra y de la diplomacia, pero en más de una ocasión demostró ser un estratega deplorable con planes improvisados y proyectos irrealizables. 

No hay nadie capaz de decir con certeza lo que es. Nadie sabe a qué ha venido a este mundo, a qué corresponden sus acciones, sus sentimientos, sus pensamientos, quienes son sus prójimos más cercanos y por tanto no puede pretender ser alguien mejor que los demás y estar por encima de ellos. Aún así, el tiempo prolongado que permite imponer la voluntad modifica la esencia y poco a poco se va dejando de ser hombre par ser deidad, como decía Vespasiano.

Majestad, quien no está en contacto directo con el pueblo es como aquél gigante del sueño de Nabucodonosor. Tiene la cabeza de oro, torso de plata, caderas de bronce y pies de barro. Tanto peso y diferencia acaba con la estructura. No se aguanta lo que no soporta la base por muy de oro que sea la cabeza o iluminado el torso que se alimenta del cerebro y lo retroalimenta. 

Se fue S.M. sonriendo y cuando S.M. sonríe de esa manera es que habrá una nueva ley. ¿Se autolimitará el reinado como ya hiciera antes el papa con el pontificado? El tiempo lo dirá, aunque puede que empiece por el torso de plata.
.


viernes, 26 de enero de 2018

¿De verdad la actitud es el todo?


10% of life is made up of what happens to you. 90% of life is decided by how you react.
(Steven Covey)

La actitud no es como el maná, no cae del cielo ni es innata. Se aprende y se practica antes de convertirse en hábito.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de notas)

Cuando reemplaces los pensamientos negativos con los positivos, empezarás a tener resultados positivos. 
(Willie Nelson)


La reunión mensual de los amigos del círculo trató esta vez sobre el tan cacareado tema de la actitud ante lo que nos ocurre y de si es una cuestión realmente personal o no. Pablo, uno de los fundadores del círculo empezó provocador el tema de su ponencia:

-- ¡Todo lo que os ocurre y todo el mal humor que tenéis cada día es pura y simplemente culpa vuestra! Y lo peor es que es evitable. 

Tomemos el ejemplo clásico. En el desayuno familiar, ese que se hace siempre corriendo y sin tiempo a la niña se le cae la taza de cacao sobre mi camisa, ésa que es especial y que me he puesto hoy porque viene el gran capo y hay reunión con él. ¡Precisamente hoy! el capo es un maniático del buen aspecto... 

Fijaos en un detalle: el hecho en sí está fuera de mi alcance... pero no la reacción o cadena de reacciones. 

¿Que hago? Primero reñir a la niña por su ineptitud a lo que ella se pone a llorar pues no lo ha hecho queriendo. Acto seguido la culpa es de quien ha puesto la taza demasiado cerca al borde de la mesa y la ha llenado en exceso. Tras una breve discusión me cambio rápidamente la camisa (ya no es la especial, pero bueno...) Al volver al desayuno la niña no ha acabado aún: ha perdido el tiempo llorando. La prisa manda. El tiempo es justo. Mi mujer ya se ha ido porque también tiene prisa y me toca a mi llevar a la niña al colegio. Nos vamos con ella acabando de desayunar en el coche. Hoy que viene el gran capo llegaré tarde, así que corro, me salto el semáforo porque sé que da tiempo.... y pierdo 15 minutos con el guardia que precisamente hoy estaba allí. 15 minutos, 200 euros y 2 puntos. ¿Puede empezar peor el día? Sí, es peor cuando me doy cuenta de que me he dejado la cartera de la oficina en casa. 

El día será un mal día sin duda. ¿Seguro? Dejad que pregunte algo. ¿Que me ha causado el mal comienzo? ¿El cacao? ¿La niña? ¿El guardia? ¿Todo en conjunto? ¿Yo? La respuesta correcta es ...  YO. No tengo control de lo externo a mi, pero si sobre mis reacciones. Ese momento de mal humor está en mi mano parar un momento y cambiarlo. 

No puedo evitar que el tren llegue tarde, ni que el tráfico esté imposible, ni que haya una crisis económica pero si puedo (y debo) controlar mi reacción frente a ello. Todos lo vemos a posteriori, entonces ¿por qué no hacerlo a priori? La actitud es una decisión, no un rasgo de personalidad ni algo innato. 

¿Que podemos, o mejor, debemos, hacer? Usar la energía del fastidio y no reaccionar emocionalmente. Parar, pensar, ponderar; en otras palabras tomar el control de la situación, no dejar que sea el momento quien nos domine. ¿Es fácil? Tanto como ir al gimnasio. Cuesta la disciplina. Cuesta el momento y cuesta los primeros días. Luego se le ven los beneficios y más tarde ya es un hábito que si no se ejercita se echa en falta. 

De verdad, si nos domina la emoción nunca sabremos hacia dónde vamos y nunca estaremos tranquilos. La tranquilidad es el primer paso hacia la felicidad.


Como siempre la discusión fue larga, todos querían mostrar su actitud positiva y ver el lado bueno de forzarse a ser mejores. 
  


lunes, 20 de noviembre de 2017

Cambiar de vida




La vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir.

Yo no soy lo que me sucedió, yo soy lo que elegí ser.


Podemos llegar a pensar que nos controlamos por completo. Sin embargo, un amigo puede fácilmente contarnos de nosotros algo de lo que no teníamos ni la menor idea.

(Carl Jung)


No se suele cambiar de vida sin un empujón emocional, la razón es conservadora.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de notas)



La reunión del círculo trató este mes uno de los temas típicos de final de vacaciones o fin de año: el cambio de costumbres, el deseo de un nuevo inicio, en definitiva el cambio de vida. El ponente se había reinventado varias veces y podía hablar de un cambio de vida y de la voluntad que requiere.

-- A veces es un poco difícil entendernos a nosotros mismos y más aún entender a lo demás. Queremos cambiar y no nos atrevemos. No es fácil cambiar de vida cuando no es la persona sino la vida la que se resiste a ser cambiada, cuando está anclada a la comodidad de lo conocido, a eso que ahora se llama zona de confort. Cuando no hay excusas las inventamos para no enfrentarnos a la incertidumbre que acompaña al cambio. 

No valoramos ya lo que se tiene. Seguimos persiguiendo lo que se valora y no tenemos. No nos llena esta vida pero el freno está dentro de nosotros, un cambio precisa del valor de enfrentar un desafío y ante el miedo a lo desconocido preferimos seguir sufriendo, inventar razones o disfraces que nos mimeticen con los demás. Negamos al inconformista o al desubicado que hay en nosotros y lo cubrimos con la piel de oveja para que nos engañe y así asegurar la calma y evitar ser sometido a juicios ajenos.

Estamos en una vida en la que nos conocen por lo que hacemos aunque no sepan lo que somos porque hemos levantado muros y armaduras para protegernos... de nosotros mismos. Secretamente envidiamos a quien consigue aquello en lo que hemos fracasado. Es una vida condicionada pero también dependiente, vida que hemos construido, a sabiendas o sin saberlo, solo por la fuerza de las acciones cómodas... que acaban aburriendo. Es entonces cuando piensas que ya no quieres vivir esa vida y sin embargo no te permites abandonarla, muchas veces porque no estás dispuesto a pagar el precio que supone hacerlo.

En la duda te sientes solo, pero la soledad no llega por no tener personas a tu alrededor sino por no poder comunicar las cosas que te parecen importantes o por mantener puntos de vista que otros consideran inadmisibles y ser rechazado por ello. Llega un momento en que anhelas un cambio y esperas que llegue el salvador que lo haga contigo. El problema es que no hay nadie ahí fuera que pueda cambiarte la vida sin ser tú. Básicamente porque somos nosotros quienes interpretamos las circunstancias y definimos la acción que sigue. No existe el destino, el destino somos nosotros mal que nos pese.

Creemos que no tomar una decisión no tiene un coste pero lo tiene, igual que tomar la decisión correcta o incorrecta, conveniente o inconveniente. Con la monotonía no se sufre, pero sin el riesgo no se crece. Nos atenaza el miedo que protege de lo desconocido. Sin embargo, un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca y no avanza. Hacemos lo que sea, por absurdo que nos pareciera antes para evitar enfrentarnos con el alma o con la emoción porque no nos atrevemos a descubrir aquello de lo que somos capaces. Jung lo explicaba diciendo que uno no se ilumina imaginando figuras de luz sino haciendo consciente la oscuridad. Queremos cambiar y no paramos de poner excusas, achacamos a factores externos la crisis y olvidamos que la realidad es que todo depende de nosotros mismos.

Hay algunos secretos para cambiar de vida de manera efectiva. Uno es tener claro que las utopías deben buscarse aunque parezca que no puedan conseguirse, otro es liberarse de la tiranía del corto plazo; ayuda mucho rodearse de gente que ya está en el camino o al final del camino al que quieres ir, pero hay que moverse. La magia de la acción estira el tiempo. En el camino del cambio no hay que centrarse en combatir la tormenta ni la aridez del desierto, solo hay que atraversarlos. 

....Y si no se puede, que sea porque la razón vence a la emoción (sin ella no hay cambio posible) pero nunca porque el timón de la vida sea la inercia en lugar de la elección.


Se habló mucho en el debate acerca de los imponderables que, imprevisibles, impiden seguir el camino que se ha planeado. No quedó claro si los imponderables no eran más que dificultades aparecidas por la falta de previsión o de convencimiento.


domingo, 12 de febrero de 2017

Yo soy el que soy / I am that I am (III)



Puede que realmente seamos dioses, pero sin escuela. Necesitamos aprender.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)

No es posible la educación de masas, solo la de individuos. Lo contrario es adoctrinamiento y va en contra de la libertad.
(K, anotacioes dispersas)

La escuela, la fábrica y la cárcel constituyen las tres grandes instituciones donde se forja, populariza e interioriza la noción de un sujeto autoconsciente responsable de sus actos.
(Raimundo Cuesta, La escolarización de las masas, un sospechoso y "feliz" consenso transcultural, Cuadernos de Pedagogía, 334, 2004))



Había causado impacto el último conferenciante provocando con su "somos dioses" así que le pedimos una tercera intervención que resumiera el tema y nos aclarara algunos puntos porque los debates anteriores habían sido largos, interesantes y realmente incitadores.

Podemos resumir lo expuesto anteriormente en unas pocas afirmaciones con las que podemos estar o no de acuerdo, pero que son reales:
     .- lo que vemos en los demás es nuestro yo en fragmentos, tanto lo que nos gusta como lo que no nos gusta
     .- todo lo que existe es producto de un sueño
     .- detrás del sueño está nuestro cuerpo
     .- si no nos gusta nuestra vida o cambiamos el sueño o nada pasará
     .- sólo tenemos un enemigo para cambiar: nosotros mismos

Pero hay que ser sinceros y honestos, no basta con soñar ni desear. Ya hemos dicho que el deseo ha de ser profundo, real, visceral; pero no basta, hace falta un plan, sin plan es solo un deseo ligero, no un sueño. Hay un plan secreto, interno, que es el de no hacer nada porque nos destruye, destruye lo que hemos hecho y logrado hasta ahora. Es el que elaboramos internamente para no salir de la zona de lo conocido, del confort de lo habitual. La verdadera lucha es contra el yo que nos impide ser libres. 

Mucha gente lleva una vida que podríamos llamar insulsa en el fondo, como hipnotizados por la sociedad y uniformados vamos hacia la muerte del hombre individual. El camino de la insatisfacción permanente nos lleva a abandonar todo intento de salir del círculo. Darse cuenta de ello es el primer paso para reconocer que somos nuestro obstáculo para el desarrollo de nuestras capacidades. SOÑAR, con mayúsculas, nos evita ser marionetas. La vida no es la causa y el hombre el efecto, es al revés. Yo sueño y creo realidad y por ello mi vida. En los demás vemos lo que hay que hacer y lo que hay que eliminar porque todo está en nosotros. Soñar también es jugar a "quita y pon". Quita de ti lo malo que ves en los otros, pon lo que admiras de ellos. Nos es más que potenciar lo que tenemos y somos. "Ellos" son nuestra proyección. No hemos de crear nada nuevo, lo tenemos dentro.

Cierto es que es una guerra con muchas batallas que solo se ganan con dos armas: voluntad y constancia. Lo que cuenta es el compromiso interior y el saber reaccionar; evitar que el pensamiento negativo nos vaya corroyendo. El sueño es realidad sin tiempo, es la semilla de la creación. El mundo es como es porque nosotros somos como somos y no al revés. 

En cuanto a lo de ser como dioses ... bueno, moriremos. La inmortalidad no es evitar la muerte más bien es amar (del a-more: no muerte), crear y perdurar en los sueños. Pero antes de acabar, una última reflexión: el deseo material no es sueño, es tiempo y no podemos poseer el tiempo. El sueño es la ausencia del tiempo, solo así creamos realidad.

Siguieron las intervenciones de los asistentes, una vez más la ponencia había sido provocadora, muy provocadora de hecho. ¿La consecuencia? Cuando llegamos todos a casa éramos dioses en potencia.



viernes, 10 de febrero de 2017

Yo soy el que soy / I am that I am (II)



“Existe la convicción de que tenemos el potencial de ser creativos y de transformar cómo percibimos o experimentamos la realidad. Esto nos otorga una responsabilidad y un poder certeros sobre nuestra vida diaria. Imaginar la vida es una forma de enriquecerla porque la imaginación tiene un impacto sobre la realidad: sabemos ahora que el cuerpo se modifica química y fisiológicamente al ritmo de nuestros pensamientos.”
(Elsa Punset, Inocencia radical)


Si no podemos cambiar ¿dónde queda el libre albedrío?
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)


Dicebamus hesterna die... así comenzó la segunda parte de la presentación, la que pedimos al ponente al hacerse evidente que realmente es nuestro estado de ánimo quien crea la realidad. Habían pasado ya más de un par de semanas, pero citó la frase de Fray Luis de León para marcar la continuidad. 

No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo. Es la famosa frase atribuida a Einstein, que en nuestro caso podemos reformular como si siempre haces lo mismo nunca sabrás lo diferente que puedes ser. Algo que parece obvio pero que necesita un principio, ése de romper la resistencia del que hablábamos la vez pasada.

¿Cómo reaccionamos ante un suceso? En función de nuestro estado de ánimo. Si se vierte el café sobre el traje nuevo antes de una entrevista el resultado es ira dirigida contra quien ha causado el desbarajuste. Si se vierte sobre la camisa o los pantalones que no nos gustan y nos ponemos por obligación, la reacción es casi de alegría y no solo no hay enfado sino que hay hasta risas. Es evidente que son nuestros estados de ánimo los que condicionan los hechos: nuestra reacción nos hará tomar un camino u otro y por lo tanto condiciona una secuencia de sucesos y realidades diferentes. Si el estado de ánimo condiciona la realidad y ésta a su vez al estado de ánimo... ¿cómo rompemos el círculo vicioso? Se rompe pensando. Parando. Liberando la mente de la emoción y dominándola. Los hechos son la materialización de nuestro estado emocional, no de nuestra razón que normalmente es débil y solo justifica los hechos pero no detiene a las reacciones. Si no lo hacemos no avanzaremos. Dicho de otro modo: nuestros pensamientos crean un camino, una realidad y atraen los sucesos del futuro inmediato. Y recordad que no dejamos de pensar. Nos da la sensación de que las cosas vienen de la nada, no somos conscientes de nuestra elección cada momento. Nada sucede sin nuestro conocimiento y voluntad aunque no seamos conscientes de ello. Nada personal. La muerte de un pariente o amigo puede no estar relacionada con nosotros, o quizá si; pero eso es algo muy complejo y teórico de momento.

Pensar es crear destino. Los estados interiores y la realidad de los sucesos es lo mismo. La misma relación que materia y energía. Dos caras de la misma moneda. Una de las verdades populares dice que lo similar atrae a lo similar. Si nos preguntamos la razón de que algunos tengan éxito y otros no y lo hacemos honestamente veremos que la base real está en el deseo, en la voluntad en la reacción racional. Esto ABRE un destino. Es muy fácil decir yo soy como soy y si no soy más no es culpa mía, me hicieron así. Nada más falso que esto. Somos como somos porque queremos ser así. O modificamos las reacciones ante lo que nos ocurre (en algún momento hay que empezar) o seguiremos como antes. Si cambiamos el estado interior -ya hemos dicho que es necesario parar y pensar- modificaremos los sucesos, modificaremos el pensamiento y por ende la vida.

Para ese paso de bruto emocional a ente racional hay que seguir tres etapas:
.- la auto-observación
.- el razonamiento
.- el reconocimiento

La auto-observación que nos lleva al camino de la auto-corrección. Hemos de quitar las máscaras del pobre de mi, de nuestros miedos -lo más difícil porque no sabemos si son miedos o realidades aunque siempre son miedos que crean realidades- y las de no podré.

El razonamiento para no caer en la tentación de pensar que todo nos viene sin causa ni razón. Si no lo entendemos y enmendamos, todo seguirá igual una y mil veces.

El reconocimiento del mea culpa. El mea culpa del credo que hemos tomado como algo religioso y es mucho más que eso. Es la muestra de la puerta del nuevo camino. Lo que me sucede es porque yo lo atraigo. Mea Culpa, sí y si lo vemos y entendemos ya habremos entrado en el camino de las realidades positivas.

¿Pero es realmente posible cambiar la realidad? La respuesta es un SÍ, en mayúscula. Solo dos apuntes, los estudios de Bruce Lipton que explican el cambio a nivel celular (esto para los puristas de la ciencia) y el efecto coche. El efecto coche, que es válido con otras cosas, pero más cercano con el coche. Cuando queremos comprar un coche determinado "de pronto" el mundo está lleno de coches iguales al que queremos comprar. Ver esto nos refuerza y nos justifica la compra. ¿Hay más coches iguales al que queremos comprar de golpe? Obviamente no, es que nuestra mente nos muestra más un aspecto de lo que nos rodea, somo más permeables a nuestra realidad. Acotamos el global y fijamos el interés en algo... que nos conduce a reaccionar de un modo que a su vez crea una realidad que antes solo era una posibilidad.

Para ello, de nuevo os digo, paremos, pensemos y soñemos. El sueño convierte el pensamiento en realidad con el tiempo. Recordemos que el mundo puede ser una pesadilla violenta si olvidamos que somos nosotros quienes lo creamos.


Siguió la discusión tras la provocación del ponente. ¿Realmente somos creadores? Si lo somos, ¿somos dioses? ¿Tenemos libertad para serlo? Fue larga la sesión y salieron varios temas para tratar en las próximas reuniones.




sábado, 4 de febrero de 2017

Yo soy el que soy / I am that I am



Crear orden es pasar de un estado frecuente y ordinario (como un bloque de mármol inicial) a otro altamente improbable y único (la obra de arte), de mayor perfección.
(J. Wagensberg)


El sentido de la vida no lo sabemos, pero será el que seamos capaces de darle.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)

Hay un pequeño espacio entre los deseos y los logros pero solo se atraviesa con el deseo profundo.
(K., Anotaciones Dispersas)



La última reunión mensual del club de los narizones fue curiosa. Todos tenemos en común esa nariz especial que nos hermana, nos hace diferentes a los demás y nos lleva a mostrar orgullosamente que somos especiales. De eso iba precisamente el tema, del Yo soy YO. No era de extrañar que el ponente empezara citando el versículo 3:14 del Éxodo  "Yo soy el que soy" y plantear la pregunta típica: ¿Qué queremos decir cuando decimos “yo soy, yo creo, yo…?

Aparte del bíblico “Yo soy el que soy” ¿Quién sabe realmente lo que es y quién es? Solo quien se conoce a sí mismo, quien es dueño de su vida, quien posee voluntad propia, independiente, puede decir con propiedad “YO”. Los demás somos una amalgama de sensaciones, creencias y temores atrapados en eso que llamamos vida en sociedad y en la que vemos y proyectamos nuestros fantasmas interiores. Somos una multitud de entes en lucha interna y lo que queremos es poner en orden esos entes y cambiar. Cambiar porque cambiando ordenamos, priorizamos, esperamos vivir mejor y también porque cambiamos el mundo. ¿Lo cambiamos realmente? Solo vemos el mundo que nos es afín y mejorando nosotros lo perfeccionamos. ¿Se puede? Sin lugar a dudas aunque no es fácil y no es cómodo. Hay una resistencia a salir de lo conocido, a tomar un riesgo y crear una rutina nueva.

Quizá el primer paso sea vencer la resistencia al cambio. Ese enemigo que llevamos dentro y que nos hace tener miedo a abandonar la zona de confort. Ese enemigo que nos lleva a tener dos vidas: la que tenemos y es visible, y la que podríamos tener y se queda dentro como sueños y no se convierte en real precisamente por la resistencia al cambio hasta que decidimos que el sueño se ha de convertir en nuestra realidad.

¿Pero cómo cambiar? Todos los libros de autoayuda coinciden en ello: teniendo claro que queremos cambiar y venciendo la resistencia. Fantástico... solo que no sirve para nada. Cuando estás en el pozo negro necesitas una mano que te guíe, no palabras. No voy a contaros las historias del caballo o de la rana en el pozo, todos sabemos que hay mucho de decisión propia para salir de él y algo de ayuda exterior. Cuando estás fuera, las palabras de ayuda son bonitas y de poco valor. El primer paso debe ser la reflexión, mejor si es programada y no dedicar ratos aislados que seguro se diluyen en el tiempo. Como decía Somerset Maugham “Escribo solo cuando la inspiración me llega. Afortunadamente llega cada mañana a las 9 en punto”. Es bueno recordar el proverbio judío que reza: "Si siembras una acción, cosecharás un hábito; si siembras un hábito cosecharás un carácter; si siembras un carácter cosecharás un destino." O dicho más simple, el hábito sí hace al monje si se actúa como tal de modo constante. 

Bien, pero ¿qué acción? Lo más importante es parar y reflexionar, darse cuenta de las muchas cosas que llevamos dentro y establecer en qué queremos cambiar. No hablo de un plan de cambio, sí de determinar un objetivo. Si no sabemos a donde vamos no llegaremos nunca. Por tanto el primer paso es la constancia en la reflexión. Parece absurdo, pero si programamos ir al gimnasio a las 7 ¿qué nos impide programar el pensar a las 9? 

Sabemos cuándo y cómo empezar, solo nos queda hacerlo; pero necesitaremos algo más. Soñar. Soñar que somos libres de cualquier atadura, de cualquier creencia anterior, de la sociedad, de nuestros hábitos e incluso de nuestros gustos. Soñar sin dejar de hacerlo, porque el sueño es lo que nos acerca a la realidad, es lo que la hace nacer. Lo difícil es soñar, porque una vez sabemos lo que soñamos es más fácil convertirlo en hechos.

El primer sueño, la primera realidad, es que todo depende de nosotros de nuestra actitud frente a lo que nos sucede. Todos conocéis la historia de la piedra esa que explica que el distraído tropieza con ella, que el violento la usa como proyectil, el cansado como asiento, que David la usó para derrotar a Goliat… y siempre es la actitud del hombre la que nos lleva a un final u otro con el mismo material. Lo mismo sucede con la vida. Según como reaccionemos nos irá y nos desarrollaremos. Pero es necesario parar y pensar. No dejar que nos dominen las emociones. Parar y reflexionar. Concluir. Razón y emoción. Solo así podremos avanzar.

No somos infalibles,  pero somos conscientes de las limitaciones de nuestra vida social y fabricamos nuestra vida soñada. Podemos diseñar el plan del cambio, la transformación del “yo”. Muy probablemente no lo podamos hacer solos, necesitaremos al grupo, al otro, a alguien que pueda activar en nosotros el resorte de la acción y nos sirva de sparring o de guía. Mucha gente no logra cambiar porque no vence la resistencia a luchar por conocerse y dar el paso del cambio. El camino de la auto-mejora cambia nuestro destino y el del mundo que nos rodea. El mundo es algo que nos ha sido descrito y que aceptamos, no algo inamovible. Cambiarlo, cambiando nosotros, está en nuestra mano; pero no banalicemos el esfuerzo, no es como cambiar el lavavajillas o el canal de televisión. No se hace con un clic. Requiere tiempo, esfuerzo, atención y constancia.

Lo que soñamos y creemos es tan real que parafraseando a Henry Ford tanto si pensamos que podemos como si pensamos que no podemos, estamos en lo cierto en ambos casos, pero solo uno nos sirve para mejorar.

La discusión fue larga, variada y muy amena. Tanto que se convino en tener una segunda sesión extraordinaria para seguir con el tema cuando se vio que realmente es nuestro estado de ánimo quien crea la realidad.





sábado, 14 de enero de 2017

Abriendo la puerta





Todo final es el inicio de un nuevo camino.
(Dicho popular)

Sitúate fuera del momento y míralo como si fuera pasado, automáticamente verás la puerta del futuro.
(K., Notas dispersas)


Carolus máximus,

Recuerdo cuando me dijiste que los años deben ser siempre años 10 a pesar de lo que nos pasara. Añadías aquello de que nadie nos puede quitar una única cosa: reaccionar ante los que nos sucede del modo que queremos. Esa elección por la cual decidimos resistir o sucumbir y para ti el conformarse era sucumbir. Apostillabas que un año 10, si además lo era numéricamente, era un año de cambio, de transformación anímica. No te bastaban los cambios cíclicos cada 11 o 12, las etapas vitales que llamabas. "Un año que suma diez, es un año de grandes dudas y grandes transformaciones. Las verás fuera y dentro de ti." La verdad es que así ha sido ... más o menos. Quizá lo haya sido siempre y por haber aceptado situaciones (sucumbido ante ellas según tú) no lo haya notado de modo claro. No se tiene de modo constante la misma fuerza para resistir o emprender un cambio. La motivación debe ser interior, pero se necesita combustible para que funcionen los motores. El movimiento sin algo de apoyo exterior cuesta mucho más. El huevo que se rompe desde dentro es un signo de fuerza y desarrollo, el que se rompe desde fuera puede serlo si el palo no es demasiado gordo y si el polluelo que nace no se siente irremediablemente dañado. Spinoza escribió que “Affectus, qui passio est, desinit esse passio simulatque eius claram et distinctam formamus ideam.” La emoción que sufre, deja de sufrir en cuanto tenemos una visión clara de ella. 

Es éste un año 10, un año YOD, de inicio de oportunidades, originador de ideas y de acciones. Un año de inicio de viaje evolutivo. De hecho de conjunción del hombre con el cosmos. Solo hay que visualizar la meta y poco se puede interponer para lograrla. Quien pierde fe en el futuro está abocado al desastre. El problema, querido primo, es saber si lo que visualizamos nace del deseo profundo o es solo un calmante para el alma. Sí, lo sé, me dirías que es fácil de averiguar, que basta con intentar que el deseo sea realidad y que si es cierto que es profundo lo sabremos enseguida. El buen camino siempre es cuesta arriba. 

Tenemos mala memoria. Admiramos las grandes obras de la antigüedad, pero no recordamos el sufrimiento o el trabajo que exigieron. Dos generaciones y olvidamos como era la vida antes. Generamos un confort que exige más trabajo o mayores complicaciones. Nos auto-engañamos creyendo que es en esta época en la que vivimos mejor que nunca y cuando cambiamos y llegamos a liberarnos de algo, de una armadura o de un freno notamos el miedo y el vacío. Es tanta la fuerza de la comodidad de lo conocido aunque no sea bueno, que un cambio nos hace temblar hasta el tuétano. Se requiere no solo determinación y claridad. Es necesario un disparador. A veces el catalizador es una persona externa (incluso desconocida), otras es un hecho interpretado como un signo y las menos la desesperación. La fuerza la llevamos dentro, el pistoletazo de salida viene de fuera. 

Éste es un año 10. Les he preguntado a las sibilas y he seguido el ritual. Todo indica lo positivo dentro de la incógnita. Pero no dejo de recordar a Creso cuando consultó al oráculo de Delfos y la famosa profecía: "Si Creso cruza el Halys, se destruirá un gran imperio" y destruyó el suyo; pero repito, si no creemos en el futuro le abrimos la puerta al desastre. Solo quien arriesga se desarrolla. Siempre tenemos la edad de rectificar y encarar éxitos, de mantener el interés de seguir creciendo con la fuerza de nuestros deseos. Creo que vivir, querido primo, es empezar cada día con una sonrisa y no doblegarla ante tristezas o dudas, sino mantenerla con la seguridad de que el corazón tiene más neuronas que el cerebro y que la razón solo justifica la emoción.

Brindo por el año 10 y dejo para otra ocasión tu comentario acerca de romper las tinieblas del camino con la espada flamígera.

Un abrazo, primo





domingo, 20 de noviembre de 2016

En el fondo no he cambiado, soy el mismo.





Resistirse al cambio es ir en contra del fluir natural de la vida.
León Tolstoi

Las cosas no cambian, cambiamos nosotros.

Henry David Thoreau

Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma.
Albert Schweitzer


La reunión de este mes del club de narizones nos sorprendió a todos por el giro que el presentador dió al título: Huele mal, huele a podrido. Pocos o nadie esperaba que fuera realmente a tratar sobre el cambio personal. Su provocación era clara, si no cambiamos estamos podridos.

-- ¿Cuántas veces oímos a la gente  decir "yo en el fondo soy el mismo que cuando era joven, en lo esencial no he cambiado." Lo dicen para indicar que a pesar de lo que parezca siguen siendo, rompedores, idealistas, amantes de la igualdad, de la paz y de todo aquello que define una edad de sueños de futuro. La verdad es que cuando alguien dice esto, me aparto inmediatamente de él. ¡Apesta! ¡Huele mal! ¡Huele a podrido!

Esto sucede porque en un momento de nuestra evolución personal surge la necesidad de asegurarse de que seguimos siendo nosotros. Necesitamos parar y ver que no hemos cambiado en el fondo, que somos buenos y es la vida la que nos lleva por derroteros extraños, no nosotros con un cambio. Necesitamos reconocernos bajo la máscara social que llevamos. La sociedad es un teatro en el que cada uno de nosotros tiene un papel único. Nos han educado para comportarnos bien, no destacar, ser buenos ciudadanos, actuar de una manera determinada en lugar de mostrarnos como somos realmente, en lugar de actuar libremente, honestos con nosotros mismos y siendo coherentes con lo que somos y sentimos. Actuamos para los demás, para ser del agrado de los demás. Vivir con careta o coraza --como se le quiera llamar-- es más cómodo y seguro pero casca y tiene un problema: nos desconecta de nosotros mismos y nos olvidamos de quienes somos en realidad. Soñamos con un pasado y no aceptamos que somos lo que son nuestros actos, no nuestros deseos porque en realidad creemos que bajo el falso concepto de identidad podemos reconectar con lo que fuimos inicialmente o al menos creímos ser.

Sin embargo, no somos los mismos. Ya en el año 45 aC Cicerón reflexionaba en las Cuestiones Tusculanas: Igual que un campo por muy fértil que sea no da fruto si no se cultiva, de la misma manera el espíritu no puede ser fecundo si no se cultiva. Cuanto más aprendamos más evolucionamos y con nuestra evolución cambian las necesidades y las motivaciones, no así el ADN como en el caso de la oruga al metamorfosearse en mariposa. Mal iríamos si todos los años de vida no sirvieran para cambiar en algo y hacia algo positivo. Todo lo que no evoluciona se pudre y quien no cambia huele a podrido. No es una alegoría: nos volvemos egocéntricos, victimistas, no progresamos y por tanto nos distanciamos de los demás. Acabamos sufriendo y luchando contra todo, más aislados y en una espiral involutiva y negativa. Finalmente somos apartados como los apestados.

La transformación es tan progresiva que no sabemos diferenciar lo normal de lo natural. Normal es el té en bolsitas, natural es el té en hojas. En la sociedad normal no es sinónimo de natural, es solo la media de lo aceptado y sobre esa media se mide nuestra "normalidad". Esta normalidad es muy conveniente para la sociedad puesto que crea un pensamiento lineal fácil de dirigir, precisamente porque convierte lo normal en correcto aunque no nos beneficie en nada personalmente. Pero ése es otro tema.

El cambio que se opera en nosotros con los años nos hacen aparte de más viejos, más responsables y en muchos casos más altruistas y con mayor capacidad de compartir. No todos cambian igual, algunos se estancan en un punto del camino y no llegan a ser todo lo que pueden o deben ser. No por eso apestan, algo han cambiado y eso es lo que cuenta. Es importante aprender de los errores y recordar que la experiencia no es transmisible pero sí podemos preparar el camino para que los demás reaccionen mejor si caen en lo mismo que nosotros. Como dijo Platón: Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro. Podemos dejar a los demás y a nuestros hijos la formación necesaria para saber reaccionar ante lo que les suceda o que se estanquen y apesten. A nosotros el hacerlo o no. 

La reunión siguió a partir de aquí con un cruce de opiniones acerca de la necesidad de evolucionar y de si se mantiene realmente la esencia heredada de la primera educación, siendo todo lo añadido simplemente un ropaje sin valor real por ser máscara. ¿O la máscara crea al personaje?