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lunes, 12 de marzo de 2018

¿Conocerme? ¡Imposible!




¿Conocerme? No, gracias. No quiero hundirme en la desesperación.
(Anónimo)

Conocerse a sí mismo implica un camino de perfeccionamiento, de hacerse mejor y adquirir conocimiento sobre la propia naturaleza y limitaciones, pues no podemos desarrollar nuestra naturaleza si no sabemos cuál es.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de notas)

De las tareas más difíciles del hombre sobresalen la del conocerse, soportarse y colaborar con los demás.
(K., Notas dispersas)




En la reunión del círculo se había hablado ya hace unos años del famoso Nosce te ipsum, (en griego: γνῶθι σεαυτόν) conócete a ti mismo. Es un tema que suele resurgir en los encuentros y esta vez quisimos explicar, mejor dicho el ponente nos explicó, que es imposible conocerse a si mismo. 

Lo que podemos conocer está limitado por la capacidad de nuestro aparato cognoscitivo. Imaginamos el mundo a partir de nuestros sentidos. Todo nuestro conocimiento depende en primer lugar de ellos. No percibimos nada que no podamos oír, ver, sentir, degustar o palpar; no figurará en nuestro mundo nada a lo que no podamos acceder por la vía de nuestros sentidos. Incluso para podernos figurar las cosas más abstractas, estas se nos deben ofrecer por medio de símbolos que seamos capaces de ver o leer.

Para disponer de una visión del mundo objetiva, necesitaríamos un aparato sensorial que cubriera todo el espectro de las percepciones sensoriales posibles: los ojos del águila, el olfato de los osos (que les permite oler a kilómetros de distancia); el sistema sensorial de la línea lateral en los peces, las facultades sismográficas de las serpientes, etc. Pero lamentablemente  no disponemos de estas características. Nuestro mundo no es tal como lo vemos. Nos pasa como al pez que en el acuario le dice a su hijo «El mundo, hijo mío, es una enorme caja llena de agua».

La pregunta entonces parece que debería ser ¿cuál es el mundo real? Sin embargo, si vamos al origen del hombre, fue más importante contestar a ¿qué es lo mejor para mi supervivencia y progreso? Lo que no reportase nada a este fin tenía pocas posibilidades de desempeñar un papel importante en la vida y en la evolución. Y la teoría dice que para sobrevivir el hombre, la evolución ayudó creando un cerebro con distintas zonas.

Actualmente, se cree que el cerebro se divide en: tronco cerebral (o tronco encefálico), diencéfalo, cerebelo y cerebro propiamente dicho. El tronco encefálico constituye la mayor vía de comunicación entre el cerebro anterior, la médula espinal y los nervios periféricos y permite que las impresiones de los sentidos lleguen al cerebro. Controla varias funciones como la regulación del ritmo cardíaco, la respiración, el metabolismo y  también reflejos, tales como el pestañeo, la deglución y la tos.

El diencéfalo es una pequeña zona situada encima del tronco cerebral. Su papel principal es el de intermediario y supervisor emocional; percibe las impresiones de los sentidos y las transmite al cerebro. Este sistema formado por nervios y hormonas controla el sueño y la vigilia, nuestras sensaciones de dolor, la regulación de la temperatura corporal, pero también nuestros impulsos, por ejemplo nuestra conducta sexual.

El cerebelo tiene una influencia determinante en nuestra capacidad motriz y aprendizaje motor. Además del control de la motricidad, también está relacionado con ciertas funciones cognoscitivas, como el procesamiento del lenguaje, el comportamiento social y la memoria; todo ello, sin embargo, a un nivel inconsciente.

El cerebro propiamente dicho se encuentra encima de las otras tres zonas. Su tamaño es algo más del triple de las otras tres partes del cerebro juntas. Puede dividirse en muchas regiones, entre las cuales cabe distinguir las áreas sensoriales «más sencillas» y las áreas asociativas o «superiores». Todas las grandes capacidades intelectuales dependen de la actividad del córtex asociativo, aunque no exclusivamente de él.

La tomografía axial computarizada (TAC) y los escáneres de resonancia magnética permiten observar con gran precisión los procesos de nuestro cerebro. Si antes solo se podían mostrar procesos eléctricos o químicos, las nuevas técnicas miden el flujo sanguíneo y ofrecen imágenes de alta resolución. Gracias a estos avances, la investigación aspira a desentrañar el sistema límbico, la principal sede de nuestras emociones y sensaciones. La incógnita sigue siendo el por qué sentimos una determinada cosa de un modo determinado. Las sensaciones y pasiones personales no pueden explicarse en virtud de procesos neuroquímicos de índole general. Ni los instrumentos ni las conversaciones con un psicólogo pueden acceder ni hacer visible ese mundo vivencial. Una vez que le preguntaron a Louis Armstrong qué era el jazz, respondió: «¡Si lo tienes que preguntar, es que jamás lo comprenderás!». Las vivencias subjetivas son inaccesibles, incluso para la investigación del cerebro. Si toco una pieza de jazz, el escáner de resonancia magnética puede mostrar que en determinados centros emocionales de mi cerebro aumenta el aporte sanguíneo, pero no explica ni qué es lo que siento ni por qué siento eso.

Es lícito preguntarse entonces  si no estarán haciendo los investigadores del cerebro, lo mismo que vienen intentando hacer los filósofos en los últimos dos mil años: entender mediante el pensamiento el propio pensamiento. Profundizar en sí mismo por medio del pensamiento y en la medida de lo posible observarse pensando fue un modo de conocerse, pero no aportó nada al proceso del pensamiento en sí. Estudiar la mecánica de cómo se crea el pensamiento o como se crean las emociones es una tarea que contesta al cómo, no al ¿por qué? ni mucho menos al ¿qué es?

Conocerse no es saber describir los mecanismos físicos que se producen cuando algo pasa en nuestro interior. Conocerse es entender que origina un sentimiento y un pensamiento, aceptarlo, saber si es modificable o no y actuar en consecuencia. Conocerse es saber que potencial tenemos y que características son las nuestras, no las que reflejamos en la sociedad ni las que desarrollamos por el empuje de nuestro entorno, aunque eso también forma parte de nosotros mismos.

Somos el resultado de un cruce de algoritmos. Uno es el genético, una carga importante, sin duda, pero no definitiva. Ahora sabemos que se pueden despertar y dormir genes, que se pueden alterar en determinadas circunstancias sin intervenir médicamente en ello.  Otro es el social, la complejidad y características sociales que nos llevan al proverbio árabe de “un hombre se parece más a su tiempo que a sus padres”. Ambos crean junto con los condicionantes sociales una mezcla que es lo que llamamos personalidad  que nos hace únicos. Pero no tenemos la llave del cómo funciona y por tanto no sabemos cómo prevenir una acción o alterarla. Si esto es así no podremos conocernos de verdad.

Entonces ¿qué podemos hacer? La respuesta es aplicar medidas paliativas. Como si fuera una enfermedad de origen desconocido: mientras investigamos evitamos el dolor y eliminamos los síntomas.  Es decir intentemos que en el equilibrio entre la razón y la emoción actúe más la razón como freno que como justificante de la acción. Esa racionalidad impuesta previamente a la acción visceral nos dará la pista del porqué actuamos y al analizar el cómo actuamos podremos tener un retrato robot de lo que somos aunque no lleguemos nuca a conocernos. De la honestidad de nuestro análisis depende la fidelidad del retrato al modelo. El peor enemigo para el análisis es la autocomplacencia, que nos lleva a suavizar los trazos y a justificar las imperfecciones.

No podemos conocernos íntimamente, pero si podemos y debemos hacer el esfuerzo de crear el autorretrato lo más fiel posible y estimular con acciones impuestas el disparo automático del algoritmo para mejorar en lo personal y en lo social.

Nos dejó con la duda de si es posible conocerse o no, pero tras la discusión de la ponencia la verdad es que todos sabíamos algo más de nosotros mismos y de los demás.




martes, 16 de enero de 2018

De nuevo la felicidad



Si las sociedades tienen diferentes valores, el concepto de felicidad es diferente para cada una de ellas y si las personas son diferentes, tanto la felicidad como el camino para lograrla es diferente para cada una de ellas.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)

La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.
(Henry Van Dyke) 

La mayoría de las personas son tan felices como ellas mismas deciden ser.
(Abraham Lincoln)

En la última reunión del Club de Narizones se abordó el tema de la felicidad, tema que había surgido anteriormente al expresar la mayoría de los miembros su felicidad por el apéndice nasal que la naturaleza nos ha dado. La idea de tratar sobre la felicidad en general fue adoptada por unanimidad y el ponente esta vez hizo más de gurú que de ponente provocador, pero con eso también fue una provocación al debate.

-- Se habla mucho de felicidad y hay varias supuestas recetas para ser feliz, una de ellas dice que la felicidad no es un todo y que consiste en tener momentos felices. Es como si dijéramos que disfrutar del sol por espacio de un minuto 5 veces al día es mejor que disfrutar del sol todo el día si luce y podemos. ¿Cómo va a ser la felicidad algo que reduce su esencia a momentos cuando puede ser un todo? Por eso otra teoría mantiene que la felicidad es un estado y una actitud, algo que parece impuesto desde fuera y poco natural; pero si lo pensamos es como ir al gimnasio y mantenernos en forma, puede resultar poco natural pero es efectivo. Quiero decir que hay que trabajarlo como el deporte. Es un entrenamiento anímico que como con la memoria o la inteligencia aumenta algo que existe ya. Si no lo hacemos queda anquilosado y atrofiado. Por eso, si de verdad queremos ser felices hemos de aprender a serlo y a desarrollarlo.

Hay tres alternativas para ser feliz y dos actitudes. Las alternativas son fáciles de describir: cambiar EL entorno, cambiar DE entorno, aislarse DEL entorno. Las actitudes también son fáciles: se puede ser feliz en modo cine (quieto y ver lo que pasa) o en modo viaje (participar en lo que nos rodea) y hay dos elementos a tener en cuenta, el tiempo y la vocación.

Dejad que os lo cuente en orden diverso y que empiece por lo fundamental: el tiempo. Fundamental es en realidad la voluntad, el deseo íntimo de ser feliz, pero esto es la premisa, así que consideremos que lo tenemos y que lo que necesitamos es tiempo. Sin tiempo no hay vida, porque la vida es movimiento y esto crea el tiempo. La vida es cambio y el cambio no se da en un tiempo cero.

Que el tiempo no es ni lineal ni absoluto lo sabemos todos, no se siente igual el mismo tiempo si ponemos un dedo en el fuego que si besamos a una persona amada. Por lo tanto habrá que usar el tiempo en placer y no en dolor, máxime si recordamos que nuestro tiempo es finito. Como escribió Heidegger en El ser y el tiempo somos invitados de la vida. Vivimos como si el tiempo fuera eterno hasta que una enfermedad grave o la muerte de alguien querido nos da una paliza de realidad. No cambiaremos el tiempo de Cronos, el físico, el del reloj, pero si podemos conformar el Kairós el tiempo de la vida, lo que Heidegger llama el tiempo mientras somos. Es el tiempo del proceso de la vida y Cronos solo la medida de ese tiempo. No voy a hablar de filosofía, pero es lo que en alemán es el Dasein, el estar-ahí. Si Cronos me lleva a la muerte, Kairós me lleva a vivir de un modo especial y en este caso feliz.

Por tanto, para ser feliz necesitamos dos cosas: quererlo íntimamente, no solo desearlo y aprovechar el tiempo para ello. Por esto, la felicidad es una actitud, porque no cae del cielo y sí depende de nosotros.

Ser feliz requiere voluntad, entrenamiento y constancia al principio, luego se vuelve un hábito y más adelante una característica del alma. La actitud en modo cine no permite esto porque deja pasar la vida sin usar el tiempo Kairós, por tanto la felicidad que se obtiene es mínima y depende del fotograma que se vea. Es la teoría de los momentos de felicidad. Un fotograma en sí mismo, fuera del contexto no es nada, por mucho que los juntemos.

La actitud aislamiento del entorno en realidad no proporciona felicidad, lo que da es seguridad puesto que no pasa nada y todo es igual y se domina. Esa seguridad produce aburrimiento que se confunde con felicidad porque se suele temer lo desconocido. Se considera que lo no dominado es inseguridad y que la inseguridad es incompatible con la felicidad, algo a discutir pero en otro momento.

Antes de hablar del modo viaje, el que yo creo que es el único efectivo y posible quiero comentar la vocación de la que he hablado antes. Hay una especie de tendencia que usa un mantra que dice que serás feliz si haces lo que te place y te llena. Viene a decir usa tu vocación que es tu pasión, haz lo que sientes de verdad en el trabajo y serás feliz. Lo mismo en la vida. Parece que todos hayamos nacido con una vocación clara, secreta, interior y que el descubrirla y realizarla nos hará inmensamente felices. Se ponen muchos ejemplos de gente que ha triunfado y es feliz por haber desarrollado su “pasión”. Steve Jobs es uno de ellos. Se le recuerda diciendo en la universidad de Stanford: “Tenéis que encontrar aquello que amáis, si no la habéis encontrado seguid buscando sin descanso.” Bonito, si. Cierto no. Pocos recuerdan que Jobs llegó a la informática de casualidad. Estudió danza e historia, dejó los estudios el primer año, seguía a los hare Krishna, era el friki de la universidad. Volvió a su casa y vio una oferta de trabajo que pedía a alguien para divertirse y ganar dinero. Era ATARI, la empresa de videojuegos, pero la dejó para hacer un viaje espiritual por la India. Al volver Stephen Wozniak le ofreció trabajar con él en lo que un año después fue Apple. En resumen Jobs no siguió su vocación, probó cosas, se hizo bueno en una de ellas y la convirtió en su vocación. También Julio Iglesias fue torero antes de cantar…

La pasión, la vocación no es una causa, es una consecuencia, cuanto mejor haces una cosa más te gusta. No es al revés. Te gusta más porque ves el resultado positivo, porque cada vez te esmeras más, porque los demás te lo reconocen y porque a todos nos gusta gustar. En definitiva eres feliz con y por ello. Vuelvo a la comparación con el deporte de antes: nadie practica aquello que cree que hace mal y si le animan, se esfuerza y ve progresos acaba siendo su deporte preferido. ¿Era vocación? NO, es consecuencia del esfuerzo y la constancia. Por tanto no hay que desperdiciar el tiempo en buscar la vocación, haz lo que se te de bien, sea positivo para los demás y puedas controlar. Es, sin duda un camino para ser feliz, aunque no es todo lo que hay que hacer. Recordemos que la felicidad necesita entrenamiento.

El modo viaje requiere un esfuerzo, sí, pero da sentido a cada fotograma de los que hablaba antes. Hay uno fácil e inmediato eso que los americanos llaman lessons learned. Aunque el mundo empresarial lo haya redescubierto hace poco tiempo ya lo decía Alicia en el país de las maravillas. Desde que Alicia cae en el agujero comienza la duda de si se trata de la auténtica Alicia. Como dice ella: “Me pregunto si habré cambiado durante la noche. Veamos: ¿Era la misma al levantarme esta mañana? Me parece que puedo recordar que me sentía un poco distinta.” Es decir ¿qué he aprendido ayer y qué puedo hacer para ser más feliz. Lavarse los dientes por la mañana les cuesta a los niños pero es un hábito saludable. Preguntarse lo que hemos aprendido cuesta, pero es un hábito saludable para el alma… y para la vida.
En el modo viaje hay que participar en la vida y en el proceso de vivir, hay que usar el Kairós. Lo que aprendemos nace del estar-ahí, de las conversaciones apasionadas, de discusiones acaloradas, de las reflexiones íntimas, de risas y llantos, de las emociones. Y acaba en transformación personal.

El modo viaje a la felicidad es un proceso de transformación activo. La felicidad no es un maná o un don infuso y hay algunos malos hábitos que si los eliminamos de nuestra rutina nos allanan el camino, como el beber moderadamente aumenta la salud. MI receta es simple pero no fácil y no necesariamente es aplicable a todos ni única, solo es la mía y ojalá os sirva para pensar en ello e iniciar vuestro viaje:

.- Renunciemos a tener siempre la razón y a la necesidad de control.   
.- Renunciemos al sentido de culpa propia y externa y a quejarnos.
.- Renunciemos al diálogo interno de auto-derrota.
.- Renunciemos a las creencias que nos limitan sobre lo que es posible o no.
.- No subestimemos el poder del pensamiento positivo.
.- No critiquemos ni queramos impresionar a los demás. Seamos lo que somos (pero mejoremos, no nos estanquemos). No vivamos la vida en base a las expectativas de otras personas.
.- Abandonemos miedos, excusas y etiquetas, ¿Quién dice que el camino es fácil? Hasta Ronaldo tiene que practicar y entrenar cada día.
.- No dejemos que la resistencia al cambio nos inmovilice, no hemos de conservar una identidad (“yo soy como soy”) sino conservar la tendencia a mantenerla y para ello, a veces, hay que cambiar. Como escribió Joseph Campbell Sigue tu dicha y el universo te abrirá puertas donde solo había muros. No es el universo quien abre las puertas, somos nosotros sin darnos cuenta de ello.
.- Pero sobre todo, recordemos que la felicidad requiere que el futuro sea incierto.


La discusión fue viva y larga. Todos fueron felices al poder intervenir, pero quedó en el aire si era una felicidad efímera de un fotograma aislado o dentro de un marco general que le daba sentido.




domingo, 12 de febrero de 2017

Yo soy el que soy / I am that I am (III)



Puede que realmente seamos dioses, pero sin escuela. Necesitamos aprender.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)

No es posible la educación de masas, solo la de individuos. Lo contrario es adoctrinamiento y va en contra de la libertad.
(K, anotacioes dispersas)

La escuela, la fábrica y la cárcel constituyen las tres grandes instituciones donde se forja, populariza e interioriza la noción de un sujeto autoconsciente responsable de sus actos.
(Raimundo Cuesta, La escolarización de las masas, un sospechoso y "feliz" consenso transcultural, Cuadernos de Pedagogía, 334, 2004))



Había causado impacto el último conferenciante provocando con su "somos dioses" así que le pedimos una tercera intervención que resumiera el tema y nos aclarara algunos puntos porque los debates anteriores habían sido largos, interesantes y realmente incitadores.

Podemos resumir lo expuesto anteriormente en unas pocas afirmaciones con las que podemos estar o no de acuerdo, pero que son reales:
     .- lo que vemos en los demás es nuestro yo en fragmentos, tanto lo que nos gusta como lo que no nos gusta
     .- todo lo que existe es producto de un sueño
     .- detrás del sueño está nuestro cuerpo
     .- si no nos gusta nuestra vida o cambiamos el sueño o nada pasará
     .- sólo tenemos un enemigo para cambiar: nosotros mismos

Pero hay que ser sinceros y honestos, no basta con soñar ni desear. Ya hemos dicho que el deseo ha de ser profundo, real, visceral; pero no basta, hace falta un plan, sin plan es solo un deseo ligero, no un sueño. Hay un plan secreto, interno, que es el de no hacer nada porque nos destruye, destruye lo que hemos hecho y logrado hasta ahora. Es el que elaboramos internamente para no salir de la zona de lo conocido, del confort de lo habitual. La verdadera lucha es contra el yo que nos impide ser libres. 

Mucha gente lleva una vida que podríamos llamar insulsa en el fondo, como hipnotizados por la sociedad y uniformados vamos hacia la muerte del hombre individual. El camino de la insatisfacción permanente nos lleva a abandonar todo intento de salir del círculo. Darse cuenta de ello es el primer paso para reconocer que somos nuestro obstáculo para el desarrollo de nuestras capacidades. SOÑAR, con mayúsculas, nos evita ser marionetas. La vida no es la causa y el hombre el efecto, es al revés. Yo sueño y creo realidad y por ello mi vida. En los demás vemos lo que hay que hacer y lo que hay que eliminar porque todo está en nosotros. Soñar también es jugar a "quita y pon". Quita de ti lo malo que ves en los otros, pon lo que admiras de ellos. Nos es más que potenciar lo que tenemos y somos. "Ellos" son nuestra proyección. No hemos de crear nada nuevo, lo tenemos dentro.

Cierto es que es una guerra con muchas batallas que solo se ganan con dos armas: voluntad y constancia. Lo que cuenta es el compromiso interior y el saber reaccionar; evitar que el pensamiento negativo nos vaya corroyendo. El sueño es realidad sin tiempo, es la semilla de la creación. El mundo es como es porque nosotros somos como somos y no al revés. 

En cuanto a lo de ser como dioses ... bueno, moriremos. La inmortalidad no es evitar la muerte más bien es amar (del a-more: no muerte), crear y perdurar en los sueños. Pero antes de acabar, una última reflexión: el deseo material no es sueño, es tiempo y no podemos poseer el tiempo. El sueño es la ausencia del tiempo, solo así creamos realidad.

Siguieron las intervenciones de los asistentes, una vez más la ponencia había sido provocadora, muy provocadora de hecho. ¿La consecuencia? Cuando llegamos todos a casa éramos dioses en potencia.



viernes, 10 de febrero de 2017

Yo soy el que soy / I am that I am (II)



“Existe la convicción de que tenemos el potencial de ser creativos y de transformar cómo percibimos o experimentamos la realidad. Esto nos otorga una responsabilidad y un poder certeros sobre nuestra vida diaria. Imaginar la vida es una forma de enriquecerla porque la imaginación tiene un impacto sobre la realidad: sabemos ahora que el cuerpo se modifica química y fisiológicamente al ritmo de nuestros pensamientos.”
(Elsa Punset, Inocencia radical)


Si no podemos cambiar ¿dónde queda el libre albedrío?
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)


Dicebamus hesterna die... así comenzó la segunda parte de la presentación, la que pedimos al ponente al hacerse evidente que realmente es nuestro estado de ánimo quien crea la realidad. Habían pasado ya más de un par de semanas, pero citó la frase de Fray Luis de León para marcar la continuidad. 

No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo. Es la famosa frase atribuida a Einstein, que en nuestro caso podemos reformular como si siempre haces lo mismo nunca sabrás lo diferente que puedes ser. Algo que parece obvio pero que necesita un principio, ése de romper la resistencia del que hablábamos la vez pasada.

¿Cómo reaccionamos ante un suceso? En función de nuestro estado de ánimo. Si se vierte el café sobre el traje nuevo antes de una entrevista el resultado es ira dirigida contra quien ha causado el desbarajuste. Si se vierte sobre la camisa o los pantalones que no nos gustan y nos ponemos por obligación, la reacción es casi de alegría y no solo no hay enfado sino que hay hasta risas. Es evidente que son nuestros estados de ánimo los que condicionan los hechos: nuestra reacción nos hará tomar un camino u otro y por lo tanto condiciona una secuencia de sucesos y realidades diferentes. Si el estado de ánimo condiciona la realidad y ésta a su vez al estado de ánimo... ¿cómo rompemos el círculo vicioso? Se rompe pensando. Parando. Liberando la mente de la emoción y dominándola. Los hechos son la materialización de nuestro estado emocional, no de nuestra razón que normalmente es débil y solo justifica los hechos pero no detiene a las reacciones. Si no lo hacemos no avanzaremos. Dicho de otro modo: nuestros pensamientos crean un camino, una realidad y atraen los sucesos del futuro inmediato. Y recordad que no dejamos de pensar. Nos da la sensación de que las cosas vienen de la nada, no somos conscientes de nuestra elección cada momento. Nada sucede sin nuestro conocimiento y voluntad aunque no seamos conscientes de ello. Nada personal. La muerte de un pariente o amigo puede no estar relacionada con nosotros, o quizá si; pero eso es algo muy complejo y teórico de momento.

Pensar es crear destino. Los estados interiores y la realidad de los sucesos es lo mismo. La misma relación que materia y energía. Dos caras de la misma moneda. Una de las verdades populares dice que lo similar atrae a lo similar. Si nos preguntamos la razón de que algunos tengan éxito y otros no y lo hacemos honestamente veremos que la base real está en el deseo, en la voluntad en la reacción racional. Esto ABRE un destino. Es muy fácil decir yo soy como soy y si no soy más no es culpa mía, me hicieron así. Nada más falso que esto. Somos como somos porque queremos ser así. O modificamos las reacciones ante lo que nos ocurre (en algún momento hay que empezar) o seguiremos como antes. Si cambiamos el estado interior -ya hemos dicho que es necesario parar y pensar- modificaremos los sucesos, modificaremos el pensamiento y por ende la vida.

Para ese paso de bruto emocional a ente racional hay que seguir tres etapas:
.- la auto-observación
.- el razonamiento
.- el reconocimiento

La auto-observación que nos lleva al camino de la auto-corrección. Hemos de quitar las máscaras del pobre de mi, de nuestros miedos -lo más difícil porque no sabemos si son miedos o realidades aunque siempre son miedos que crean realidades- y las de no podré.

El razonamiento para no caer en la tentación de pensar que todo nos viene sin causa ni razón. Si no lo entendemos y enmendamos, todo seguirá igual una y mil veces.

El reconocimiento del mea culpa. El mea culpa del credo que hemos tomado como algo religioso y es mucho más que eso. Es la muestra de la puerta del nuevo camino. Lo que me sucede es porque yo lo atraigo. Mea Culpa, sí y si lo vemos y entendemos ya habremos entrado en el camino de las realidades positivas.

¿Pero es realmente posible cambiar la realidad? La respuesta es un SÍ, en mayúscula. Solo dos apuntes, los estudios de Bruce Lipton que explican el cambio a nivel celular (esto para los puristas de la ciencia) y el efecto coche. El efecto coche, que es válido con otras cosas, pero más cercano con el coche. Cuando queremos comprar un coche determinado "de pronto" el mundo está lleno de coches iguales al que queremos comprar. Ver esto nos refuerza y nos justifica la compra. ¿Hay más coches iguales al que queremos comprar de golpe? Obviamente no, es que nuestra mente nos muestra más un aspecto de lo que nos rodea, somo más permeables a nuestra realidad. Acotamos el global y fijamos el interés en algo... que nos conduce a reaccionar de un modo que a su vez crea una realidad que antes solo era una posibilidad.

Para ello, de nuevo os digo, paremos, pensemos y soñemos. El sueño convierte el pensamiento en realidad con el tiempo. Recordemos que el mundo puede ser una pesadilla violenta si olvidamos que somos nosotros quienes lo creamos.


Siguió la discusión tras la provocación del ponente. ¿Realmente somos creadores? Si lo somos, ¿somos dioses? ¿Tenemos libertad para serlo? Fue larga la sesión y salieron varios temas para tratar en las próximas reuniones.




sábado, 4 de febrero de 2017

Yo soy el que soy / I am that I am



Crear orden es pasar de un estado frecuente y ordinario (como un bloque de mármol inicial) a otro altamente improbable y único (la obra de arte), de mayor perfección.
(J. Wagensberg)


El sentido de la vida no lo sabemos, pero será el que seamos capaces de darle.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)

Hay un pequeño espacio entre los deseos y los logros pero solo se atraviesa con el deseo profundo.
(K., Anotaciones Dispersas)



La última reunión mensual del club de los narizones fue curiosa. Todos tenemos en común esa nariz especial que nos hermana, nos hace diferentes a los demás y nos lleva a mostrar orgullosamente que somos especiales. De eso iba precisamente el tema, del Yo soy YO. No era de extrañar que el ponente empezara citando el versículo 3:14 del Éxodo  "Yo soy el que soy" y plantear la pregunta típica: ¿Qué queremos decir cuando decimos “yo soy, yo creo, yo…?

Aparte del bíblico “Yo soy el que soy” ¿Quién sabe realmente lo que es y quién es? Solo quien se conoce a sí mismo, quien es dueño de su vida, quien posee voluntad propia, independiente, puede decir con propiedad “YO”. Los demás somos una amalgama de sensaciones, creencias y temores atrapados en eso que llamamos vida en sociedad y en la que vemos y proyectamos nuestros fantasmas interiores. Somos una multitud de entes en lucha interna y lo que queremos es poner en orden esos entes y cambiar. Cambiar porque cambiando ordenamos, priorizamos, esperamos vivir mejor y también porque cambiamos el mundo. ¿Lo cambiamos realmente? Solo vemos el mundo que nos es afín y mejorando nosotros lo perfeccionamos. ¿Se puede? Sin lugar a dudas aunque no es fácil y no es cómodo. Hay una resistencia a salir de lo conocido, a tomar un riesgo y crear una rutina nueva.

Quizá el primer paso sea vencer la resistencia al cambio. Ese enemigo que llevamos dentro y que nos hace tener miedo a abandonar la zona de confort. Ese enemigo que nos lleva a tener dos vidas: la que tenemos y es visible, y la que podríamos tener y se queda dentro como sueños y no se convierte en real precisamente por la resistencia al cambio hasta que decidimos que el sueño se ha de convertir en nuestra realidad.

¿Pero cómo cambiar? Todos los libros de autoayuda coinciden en ello: teniendo claro que queremos cambiar y venciendo la resistencia. Fantástico... solo que no sirve para nada. Cuando estás en el pozo negro necesitas una mano que te guíe, no palabras. No voy a contaros las historias del caballo o de la rana en el pozo, todos sabemos que hay mucho de decisión propia para salir de él y algo de ayuda exterior. Cuando estás fuera, las palabras de ayuda son bonitas y de poco valor. El primer paso debe ser la reflexión, mejor si es programada y no dedicar ratos aislados que seguro se diluyen en el tiempo. Como decía Somerset Maugham “Escribo solo cuando la inspiración me llega. Afortunadamente llega cada mañana a las 9 en punto”. Es bueno recordar el proverbio judío que reza: "Si siembras una acción, cosecharás un hábito; si siembras un hábito cosecharás un carácter; si siembras un carácter cosecharás un destino." O dicho más simple, el hábito sí hace al monje si se actúa como tal de modo constante. 

Bien, pero ¿qué acción? Lo más importante es parar y reflexionar, darse cuenta de las muchas cosas que llevamos dentro y establecer en qué queremos cambiar. No hablo de un plan de cambio, sí de determinar un objetivo. Si no sabemos a donde vamos no llegaremos nunca. Por tanto el primer paso es la constancia en la reflexión. Parece absurdo, pero si programamos ir al gimnasio a las 7 ¿qué nos impide programar el pensar a las 9? 

Sabemos cuándo y cómo empezar, solo nos queda hacerlo; pero necesitaremos algo más. Soñar. Soñar que somos libres de cualquier atadura, de cualquier creencia anterior, de la sociedad, de nuestros hábitos e incluso de nuestros gustos. Soñar sin dejar de hacerlo, porque el sueño es lo que nos acerca a la realidad, es lo que la hace nacer. Lo difícil es soñar, porque una vez sabemos lo que soñamos es más fácil convertirlo en hechos.

El primer sueño, la primera realidad, es que todo depende de nosotros de nuestra actitud frente a lo que nos sucede. Todos conocéis la historia de la piedra esa que explica que el distraído tropieza con ella, que el violento la usa como proyectil, el cansado como asiento, que David la usó para derrotar a Goliat… y siempre es la actitud del hombre la que nos lleva a un final u otro con el mismo material. Lo mismo sucede con la vida. Según como reaccionemos nos irá y nos desarrollaremos. Pero es necesario parar y pensar. No dejar que nos dominen las emociones. Parar y reflexionar. Concluir. Razón y emoción. Solo así podremos avanzar.

No somos infalibles,  pero somos conscientes de las limitaciones de nuestra vida social y fabricamos nuestra vida soñada. Podemos diseñar el plan del cambio, la transformación del “yo”. Muy probablemente no lo podamos hacer solos, necesitaremos al grupo, al otro, a alguien que pueda activar en nosotros el resorte de la acción y nos sirva de sparring o de guía. Mucha gente no logra cambiar porque no vence la resistencia a luchar por conocerse y dar el paso del cambio. El camino de la auto-mejora cambia nuestro destino y el del mundo que nos rodea. El mundo es algo que nos ha sido descrito y que aceptamos, no algo inamovible. Cambiarlo, cambiando nosotros, está en nuestra mano; pero no banalicemos el esfuerzo, no es como cambiar el lavavajillas o el canal de televisión. No se hace con un clic. Requiere tiempo, esfuerzo, atención y constancia.

Lo que soñamos y creemos es tan real que parafraseando a Henry Ford tanto si pensamos que podemos como si pensamos que no podemos, estamos en lo cierto en ambos casos, pero solo uno nos sirve para mejorar.

La discusión fue larga, variada y muy amena. Tanto que se convino en tener una segunda sesión extraordinaria para seguir con el tema cuando se vio que realmente es nuestro estado de ánimo quien crea la realidad.





viernes, 27 de enero de 2017

No tuve suerte en la vida





No existe la mala suerte, sino falta de previsión o preparación.
(K, Anotaciones Dispersas)

Tiene sombra de manzanillo.
(Dicho popular cubano)

Sors est sua cuique ferenda.
(Manilio, Astronómica IV, v22)



La reunión del círculo este mes trataba el tema genérico "disculpas". El ponente le dió una vuelta de tuerca al tema y lo convirtió en disculpas ante la vida. Ésta fue su provocadora introducción al tema. 

Mucha gente, me atrevería a decir que todos nosotros, culpa a terceros o a hechos que no tienen nada que ver cuando no logra algo. Desde excusas fáciles como "llovía y no pude ir" a otras más serias como "no tuve suerte en la vida". De este caso os quiero hablar hoy. Más de una vez hemos oído todos a algún amigo o conocido que no ha tenido suerte en la vida y que por ello está donde está en lugar de donde él cree que debiera. Yo os pregunto si es así, si es la suerte que nos gobierna ¿o si somos nosotros quienes no estamos a la altura? Dejadme que os cuente una anécdota real de empresa:

"Pepe" me pidió un aumento de sueldo arguyendo que hacía mucho tiempo que no se le subía y que llevaba muchos años en el puesto. Ya sabéis que no considero que llevar muchos años en el puesto sea motivo de aumento de salario ya que lo habitual es apoltronarse y no hacer mejor las cosas sino menos y más pontificalmente. Se cobra por un trabajo bien hecho, no por los años que se lleva en el cargo. Le pedí que preguntara en el hotel de al lado el precio y disponibilidad de una sala de reuniones para la próxima convención de ventas. Fue y me dio el parte: Tienen una sala disponible, el coste es en función de lo que queramos (proyector, música, aperitivos, café y aguas) y hay que pasar a hablar con ellos para determinar lo que queremos exactamente. La verdad es que "Pepe" no aprovechó la oportunidad para demostrarme lo que valía. Se quejó de tener que haber hablado con tres personas antes de saber si la sala estaba libre o no y de no darle la información telefónicamente. Me recordó a las carretas vacías: siempre hacen más ruido que las llenas. "Pepe" se había quejado de que "José" que llevaba menos tiempo que él hubiera ascendido. Ambos hacían el mismo trabajo ... aparentemente. La verdad es que solemos juzgar sin saber bien de lo que hablamos, es humano pero no justo. "Pepe" es de los que dicen que la vida no le ha tratado bien, que no ha tenido suerte. En este caso la mala suerte era tenerme como Jefe.

¿Qué hice? Llamé a "José" y le pedí lo mismo. No tardó mucho en volver con su informe: el hotel disponía de tres salas, una de ellas divisible en dos por si se necesitaba trabajar por grupos o había más gente de lo previsto, también se podían montar unas mesas con café y pastas y lo necesario. Traía el coste de todo incluido el proyector, los ordenadores, música y precio de dos habitaciones por si eran necesarias para que la gente se cambiara en algún momento ... 

No sigo, creo habéis entendido el mensaje. Un mismo problema y dos soluciones diferentes. Somos nosotros quienes con nuestra reacción labramos la suerte. No es la suerte que viene a torcernos el destino. Sólo nosotros decidimos el camino que queremos seguir. La culpa y el éxito están en nosotros. Todos somos iguales pero nuestra reacción ante la adversidad no. El puré se descompone en agua hirviendo, el huevo se vuelve duro. El problema es el mismo, la reacción nos muestra como somos o queremos ser. En nuestra mano ser puré o huevo. 

Pocas personas hay que no tomen la verdad como injuria y "Pepe" creyó que "José" tenía razón, pero que si a él le hubiera aclarado que ... Excusas. Cuanto más se quería defender más se liaba. La verdad desnuda es un ácido corrosivo que suele salpicar a quien la maneja a su antojo y "Pepe" solo veía su verdad. La vida nos trata por igual si buscamos soluciones a los problemas y si nos esforzamos en dar lo mejor de nosotros. Para quienes no asumen sus errores o su falta de espíritu la culpa siempre es de otro o de la mala suerte. Hay que saber juzgar el pasado con perspectiva honesta y no escudarse en razones de auto-complacencia. La suerte existe y ayuda, sí, pero mucho menos de lo que solemos creer aunque ya sabéis que la verdad completa no es de este mundo, si me permite Carolina Ivanowska parafrasearla. 

Acabada la ponencia se discutió mucho acerca de la suerte y del reconocimiento en las empresas. También en la vida, pero se reconoció que la verdad es que tenemos que decidir entre ser hombres puré u hombres huevo. El resto viene en función de lo que elijamos.



sábado, 14 de enero de 2017

Abriendo la puerta





Todo final es el inicio de un nuevo camino.
(Dicho popular)

Sitúate fuera del momento y míralo como si fuera pasado, automáticamente verás la puerta del futuro.
(K., Notas dispersas)


Carolus máximus,

Recuerdo cuando me dijiste que los años deben ser siempre años 10 a pesar de lo que nos pasara. Añadías aquello de que nadie nos puede quitar una única cosa: reaccionar ante los que nos sucede del modo que queremos. Esa elección por la cual decidimos resistir o sucumbir y para ti el conformarse era sucumbir. Apostillabas que un año 10, si además lo era numéricamente, era un año de cambio, de transformación anímica. No te bastaban los cambios cíclicos cada 11 o 12, las etapas vitales que llamabas. "Un año que suma diez, es un año de grandes dudas y grandes transformaciones. Las verás fuera y dentro de ti." La verdad es que así ha sido ... más o menos. Quizá lo haya sido siempre y por haber aceptado situaciones (sucumbido ante ellas según tú) no lo haya notado de modo claro. No se tiene de modo constante la misma fuerza para resistir o emprender un cambio. La motivación debe ser interior, pero se necesita combustible para que funcionen los motores. El movimiento sin algo de apoyo exterior cuesta mucho más. El huevo que se rompe desde dentro es un signo de fuerza y desarrollo, el que se rompe desde fuera puede serlo si el palo no es demasiado gordo y si el polluelo que nace no se siente irremediablemente dañado. Spinoza escribió que “Affectus, qui passio est, desinit esse passio simulatque eius claram et distinctam formamus ideam.” La emoción que sufre, deja de sufrir en cuanto tenemos una visión clara de ella. 

Es éste un año 10, un año YOD, de inicio de oportunidades, originador de ideas y de acciones. Un año de inicio de viaje evolutivo. De hecho de conjunción del hombre con el cosmos. Solo hay que visualizar la meta y poco se puede interponer para lograrla. Quien pierde fe en el futuro está abocado al desastre. El problema, querido primo, es saber si lo que visualizamos nace del deseo profundo o es solo un calmante para el alma. Sí, lo sé, me dirías que es fácil de averiguar, que basta con intentar que el deseo sea realidad y que si es cierto que es profundo lo sabremos enseguida. El buen camino siempre es cuesta arriba. 

Tenemos mala memoria. Admiramos las grandes obras de la antigüedad, pero no recordamos el sufrimiento o el trabajo que exigieron. Dos generaciones y olvidamos como era la vida antes. Generamos un confort que exige más trabajo o mayores complicaciones. Nos auto-engañamos creyendo que es en esta época en la que vivimos mejor que nunca y cuando cambiamos y llegamos a liberarnos de algo, de una armadura o de un freno notamos el miedo y el vacío. Es tanta la fuerza de la comodidad de lo conocido aunque no sea bueno, que un cambio nos hace temblar hasta el tuétano. Se requiere no solo determinación y claridad. Es necesario un disparador. A veces el catalizador es una persona externa (incluso desconocida), otras es un hecho interpretado como un signo y las menos la desesperación. La fuerza la llevamos dentro, el pistoletazo de salida viene de fuera. 

Éste es un año 10. Les he preguntado a las sibilas y he seguido el ritual. Todo indica lo positivo dentro de la incógnita. Pero no dejo de recordar a Creso cuando consultó al oráculo de Delfos y la famosa profecía: "Si Creso cruza el Halys, se destruirá un gran imperio" y destruyó el suyo; pero repito, si no creemos en el futuro le abrimos la puerta al desastre. Solo quien arriesga se desarrolla. Siempre tenemos la edad de rectificar y encarar éxitos, de mantener el interés de seguir creciendo con la fuerza de nuestros deseos. Creo que vivir, querido primo, es empezar cada día con una sonrisa y no doblegarla ante tristezas o dudas, sino mantenerla con la seguridad de que el corazón tiene más neuronas que el cerebro y que la razón solo justifica la emoción.

Brindo por el año 10 y dejo para otra ocasión tu comentario acerca de romper las tinieblas del camino con la espada flamígera.

Un abrazo, primo





domingo, 20 de noviembre de 2016

En el fondo no he cambiado, soy el mismo.





Resistirse al cambio es ir en contra del fluir natural de la vida.
León Tolstoi

Las cosas no cambian, cambiamos nosotros.

Henry David Thoreau

Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma.
Albert Schweitzer


La reunión de este mes del club de narizones nos sorprendió a todos por el giro que el presentador dió al título: Huele mal, huele a podrido. Pocos o nadie esperaba que fuera realmente a tratar sobre el cambio personal. Su provocación era clara, si no cambiamos estamos podridos.

-- ¿Cuántas veces oímos a la gente  decir "yo en el fondo soy el mismo que cuando era joven, en lo esencial no he cambiado." Lo dicen para indicar que a pesar de lo que parezca siguen siendo, rompedores, idealistas, amantes de la igualdad, de la paz y de todo aquello que define una edad de sueños de futuro. La verdad es que cuando alguien dice esto, me aparto inmediatamente de él. ¡Apesta! ¡Huele mal! ¡Huele a podrido!

Esto sucede porque en un momento de nuestra evolución personal surge la necesidad de asegurarse de que seguimos siendo nosotros. Necesitamos parar y ver que no hemos cambiado en el fondo, que somos buenos y es la vida la que nos lleva por derroteros extraños, no nosotros con un cambio. Necesitamos reconocernos bajo la máscara social que llevamos. La sociedad es un teatro en el que cada uno de nosotros tiene un papel único. Nos han educado para comportarnos bien, no destacar, ser buenos ciudadanos, actuar de una manera determinada en lugar de mostrarnos como somos realmente, en lugar de actuar libremente, honestos con nosotros mismos y siendo coherentes con lo que somos y sentimos. Actuamos para los demás, para ser del agrado de los demás. Vivir con careta o coraza --como se le quiera llamar-- es más cómodo y seguro pero casca y tiene un problema: nos desconecta de nosotros mismos y nos olvidamos de quienes somos en realidad. Soñamos con un pasado y no aceptamos que somos lo que son nuestros actos, no nuestros deseos porque en realidad creemos que bajo el falso concepto de identidad podemos reconectar con lo que fuimos inicialmente o al menos creímos ser.

Sin embargo, no somos los mismos. Ya en el año 45 aC Cicerón reflexionaba en las Cuestiones Tusculanas: Igual que un campo por muy fértil que sea no da fruto si no se cultiva, de la misma manera el espíritu no puede ser fecundo si no se cultiva. Cuanto más aprendamos más evolucionamos y con nuestra evolución cambian las necesidades y las motivaciones, no así el ADN como en el caso de la oruga al metamorfosearse en mariposa. Mal iríamos si todos los años de vida no sirvieran para cambiar en algo y hacia algo positivo. Todo lo que no evoluciona se pudre y quien no cambia huele a podrido. No es una alegoría: nos volvemos egocéntricos, victimistas, no progresamos y por tanto nos distanciamos de los demás. Acabamos sufriendo y luchando contra todo, más aislados y en una espiral involutiva y negativa. Finalmente somos apartados como los apestados.

La transformación es tan progresiva que no sabemos diferenciar lo normal de lo natural. Normal es el té en bolsitas, natural es el té en hojas. En la sociedad normal no es sinónimo de natural, es solo la media de lo aceptado y sobre esa media se mide nuestra "normalidad". Esta normalidad es muy conveniente para la sociedad puesto que crea un pensamiento lineal fácil de dirigir, precisamente porque convierte lo normal en correcto aunque no nos beneficie en nada personalmente. Pero ése es otro tema.

El cambio que se opera en nosotros con los años nos hacen aparte de más viejos, más responsables y en muchos casos más altruistas y con mayor capacidad de compartir. No todos cambian igual, algunos se estancan en un punto del camino y no llegan a ser todo lo que pueden o deben ser. No por eso apestan, algo han cambiado y eso es lo que cuenta. Es importante aprender de los errores y recordar que la experiencia no es transmisible pero sí podemos preparar el camino para que los demás reaccionen mejor si caen en lo mismo que nosotros. Como dijo Platón: Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro. Podemos dejar a los demás y a nuestros hijos la formación necesaria para saber reaccionar ante lo que les suceda o que se estanquen y apesten. A nosotros el hacerlo o no. 

La reunión siguió a partir de aquí con un cruce de opiniones acerca de la necesidad de evolucionar y de si se mantiene realmente la esencia heredada de la primera educación, siendo todo lo añadido simplemente un ropaje sin valor real por ser máscara. ¿O la máscara crea al personaje?


viernes, 30 de enero de 2015

Herencia



Impresión de una mano efectuada hace unos 30.000 años en la pared de la cueva de Chauvet-Pont-d'Arc, en el sur de Francia.

El cerebro nos es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender. (Plutarco)

Tocaba ya cena del club de narizones cena muy esperada porque todos tenemos en común algo que nos viene de herencia: las narices destacables, que nos une y nos hermana a todos; decididamente son reuniones de narices en todos los sentidos.

La costumbre dicta que el coordinador nombre un ponente para hacer una breve charla-provocación sobre algo relacionado con las narices y a ser posible de actualidad para iniciar el debate. Esta vez el reto era difícil porque el tema escogido era "herencia". Tema aceptado por el miembro más joven y casi más reciente por lo que era una incógnita el enfoque que le iba a dar y esto fue lo que nos dijo:

-- "Herencia" La verdad es que es un tema muy amplio y que he propuesto yo por dos razones: Porque soy de Herencia, esa localidad casi desconocida (a pesar de contar con casi 10 mil habitantes) a 150 Km al sur de Madrid y porque como joven que soy me preocupa el tema. No me interesa la herencia como transmisión de bienes, la herencia jurídica, las leyes se ocupan de ello; ni la herencia biológica, la mendeliana, que está en estudio y que estamos alterando artificialmente y de la que mi apéndice nasal me hace miembro de esta grupo, ni la informática. Me interesa la herencia cultural, personal, la de la tribu y sobre ella va mi razonamiento. Por cierto, antes de seguir y como estamos esperando la cena me he permitido pedir que nos preparen coña, un plato típico de Herencia, coña y mojetes... ya me diréis si os gusta.

Creo que la herencia, la única herencia real a legar no es ni la económica por mucho que a todos nos guste y nos ayude que nuestros progenitores hayan ahorrado. La mendeliana la llevamos dentro y sabemos que es modificable, es nuestra decisión lo que queremos hacer con ella. La cultural, la que se centra no en el medio ambiente, no la ecológica, la personal, la del desarrollo como humanos es la que me preocupa y que creo que nos debe preocupar. Tildadme de infantil o de idealista, que por edad aún puedo serlo, pero ¿alguien me puede explicar porque cada vez vivimos más en una desunión unida solo por flujos de electrones? Redes sociales, artilugios que nos encuentran y nos permiten conectar. ¿Por qué desarrollamos tecnología y no capacidades personales? ¿De que sirve saber si la memoria se aloja en el hipocampo o en otro lugar, si no desarrollamos su capacidad?

El conocimiento es lo que nos permite sobrevivir. A todos. En todos los campos. Durante siglos hemos intentado aumentar nuestra capacidad y nuestro rendimiento; con ello hemos desarrollado herramientas y armas, para seguir sobreviviendo y aumentando el conocimiento. Podemos considerar extensión de nuestro cerebro a los ordenadores y otros desarrollos tecnológicos si queremos. No niego que sean útiles y más rápidos que la mente... actual. Pero éste es el problema precisamente. Hemos pasado de intentar saber y pensar a tenerlo todo en una nube electrónica que tiene los datos, sabe y piensa por nosotros. ¿Una exageración? NO, no lo es y os pondré un par de ejemplos.

Cuando tenemos que levantarnos a una hora determinada ponemos el despertador (hoy integrado en el teléfono o en el reloj inteligente). Bien. Es lo habitual. Pero cuando nos urge mucho no dormirnos, nosotros mismos nos despertamos una o varias veces en previsión de que se nos pase la hora... y sin despertador. Es decir hay un mecanismo en el cerebro que mide el tiempo y nos avisa. Ese mecanismo es entrenable, son, somos muchos los que programamos una hora en nuestro cerebro y nos despertamos a ella. El caso más obvio es la hora de levantarse para ir a trabajar... nos despertamos antes de que suene el despertador y no es la costumbre, es la programación interior. Otro ejemplo lo tenemos en las personas que sufren alguna discapacidad sensorial. A todos nos suena aquello de "se desarrollan más los otros sentidos cuando falta uno". Bueno, pues si se desarrollan más será que es posible y si es posible es educable.

Lo que pasa es que nos hemos vuelto gandules y desconsiderados, buscamos en realidad solo nuestra comodidad y nos despreocupamos de la herencia que dejamos. Si mañana hay una guerra nuclear y hay sobrevivientes ¿les hemos de condenar a empezar desde cero en todos los campos? ¿han de perder todo el conocimiento porque los ordenadores se han destruido? Sostengo que es una irresponsabilidad utilizar menos nuestras propias capacidades de orientación, cálculo, matemáticos, memoria, desarrollo mental en definitiva en pro de crear extensiones cerebrales tan perecederas que hasta un virus puede acabar con ellas. En lugar de avivar el cerebro, lo dormimos. Con cada nueva aplicación inteligente aborregamos cada vez más nuestra capacidad personal y por tanto la del grupo. Dentro de poco ya no leeremos tampoco, nos bastará con dar órdenes a una máquina que nos recitará perfectamente una poesía y cambiará la entonación para hablarnos de un tema o leernos un libro. En algún momento perderemos la capacidad de escribir y cuando la máquina falle o muera infectada tardaremos poco en volver a buscar cavernas confortables porque no sabremos como producir lo necesario para reparar las casas.

Reconozco que esto último parece y es exagerado, pero en la exageración se ve la dirección. El hecho es sencillo, dedicamos tanto tiempo a producir y a desarrollar tecnología que hemos olvidado lo más importante, que no es ni fiable ni duradera al cien por cien. La mente si lo es. El cerebro tiene una capacidad que no solo no somos capaces de llenar sino que nos es desconocido hasta donde puede llegar. Si el efecto placebo cura, si podemos programar el cerebro y por tanto modificar su estructura y por ende transmitir esta nueva estructura modificada o las herramientas de conocimiento necesario para ello, estamos perdiendo el tiempo. La única herencia que perdura y que vale y que se agradece de verdad es la de saber como actuar como individuos y como clan o sociedad si preferís llamarlo así.

Una sociedad de idiotas conectados vale mucho menos que una sociedad de mentes desarrolladas que sabrán comunicarse sin cables. Esta es la herencia que reclamo, la única que nos ha de servir a todos, la del avance en el progreso de la capacidad mental, para estar mejor adaptados a todo lo que podamos vivir y para ser lo que en esencia debemos ser seres humanos, no parásitos de la tecnología.

La provocación surgió efecto, se habló de los idiots savants y sus capacidades, de la dependencia tecnológica y de la desconexión que hace que la juventud necesite aburrirse en grupo y dormir arropada por presencias a distancia. Fue larga la noche como largo fue el placer de la gastronomía de Herencia. Hubo coña, de todo tipo y buen humor a pesar de lo serio del tema. Realmente es urgente crear el capital necesario para legar la herencia que se nos reclama.