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viernes, 6 de marzo de 2015

Devolver el favor





La peor de las guerras es la que se libra contra uno mismo.
(Ben Almonafak)
Importa más quien hace los favores que quién los recibe.
(Bottoch)
Entre los mayores favores posibles está el enseñar a vivir, pensar y soñar.
(Carolus Maximus)


Conocí a Ibrahim hace mucho tiempo, en alguna ocasión he hablado de su rebeldía y de su inadaptación al entorno social. Mente libre, idealista que prefería confortar y ayudar a los menos favorecidos, quizá rebelde o solo incomprendido, aunque tampoco se esforzaba mucho para serlo. Compartimos largos silencios y muchas horas muertas. No sé si aprendimos el uno del otro, pero yo si aprendí de él. 

El texto que copio corresponde a uno de los relatos que, como el teorema de Gaulois fue escrito en una noche y publicado --como decía él-- no se sabe bien porqué; quizá por la duda que plantea, quizá por el tema que muestra su temor al grupo. Muy joven se planteaba la vuelta al rebaño, el amor abandonado, aquello que la vida ofrece y que uno rechaza porque anhela o cree anhelar otra cosa. Uno se va, pero vuelve. (¿Se vuelve siempre?)  - “Mañana llegaré.”  ¿Y luego qué? ¿Felicidad reencontrada? ¿Desilusión? ¿Una vuelta al redil que no es más que otro comienzo? En su caso no era la vuelta a un amor, ni tan solo a una sociedad. Era la integración con los que siendo mayoría marcaban unas pautas con las que no estaba conforme. ¿Se fue y volvió? El tardó mucho en volver, no siempre se emprende el camino de vuelta. A veces la partida es definitiva y si se vuelve, se hacen visitas y hasta estancias; pero no se vuelve más que en casos particulares. Las salidas no son partidas. La diferencia está en la intencionalidad o seguridad de la misma.

Creo que no importa lo que ocurra cuando se llega. Se vuelve porque se necesita, porque la felicidad es dinámica y hay que buscarla en cada momento de una manera distinta. No hay claudicación en este regreso, sino la misma búsqueda que empuja a Ricardo hacia otros horizontes. Volver supone mirar con ojos nuevos lo ya conocido, tener la posibilidad de advertir otros matices, aplicar lo vivido a la realidad para que ésta muestre todas sus caras, darse cuenta quizás de lo que uno ha perdido con la partida o de que eso tampoco era lo deseado. “Mañana lo sabré”- dice, pero sin amargura, sin falsas esperanzas. "Mañana llegaré" no es más que un guiño que deja en suspenso la decisión. Ricardo momentos antes duda de su vuelta. Vuelve agobiado por la duda, no por la vida. Tenía posición, pero tampoco se integró donde estaba. Volvió porque la duda le corroía. Quien espera no es ella, es la sociedad. No sabe si al volver será aceptado y se dispone a repartir en caso necesario. Ibrahim se fue pero se excluyó. Volvió pero solo en apariencia

En el fondo Ricardo es más bien un lobo solitario. Lo suyo no son los rebaños y menos aún aquellos que ahogan la singularidad, aunque algo le arrastre hacia ellos.  “Corre, eres libre. Vuelve con los tuyos. Libertad ¿para qué? ¿Para volver?”- le dice al gazapo y se pregunta a sí mismo. Pues sí, para volver o para irse, para equivocarse y enmendar los errores, para ser dichoso o infeliz, para vivir solo o en grupo. Volver, sí. Y partir. Y volver de nuevo. La búsqueda es nuestra esenciaEn realidad estamos volviendo siempre. No a un lugar o a unas vivencias determinadas, sino a nosotros mismos. Nos retroalimentamos para seguir adelante y nuestro futuro siempre será deudor de nuestro pasadoVolver, efectivamente, supone mirar con ojos nuevos lo ya conocido y no en que uno se de cuenta de lo que  ha perdido: para perderlo necesita saberlo existente en ese momento.

De él aprendí que libertad y búsqueda son la esencia del hombre (y mujer, no vaya a salir la feminista). Pero difiero en un punto importante: volvemos siempre, pero a nosotros mismos, para modificar y adaptar nuestro momento intentando que nuestro futuro NO sea deudor del pasado. Lo contrario sería determinismo o peor: fatalismo.

El texto fue publicado hace muchos años. Estoy convencido de que Ibrahim lo cambiaría y lo haría más fluido y comprensible; no en vano pasaron los años para ambos, para el texto y para él. Yo le debo el favor de su visión del mundo y procuro devolverlo, no ya a él, que partió a la casa sin puertas, sino a quienes parecen buscar su sitio y no lo encuentran.

Éste es el relato:

                   ¿Por dónde seguirá el camino? Parece que aquí hay una marca. Si, es por aquí. Hoy no hay estrellas o no las veo. Cuidado con la rama. El cielo es como el hombre, oscuro y penetrar en una densa capa antes de descubrir algo. ¿Por qué no me quedé entonces? Quizá era demasiado cómodo, demasiado tentador. Parecían felices.
¡Ay!
He de tener más cuidado, es el segundo desgarrón en poco tiempo, el primero hace dos días al querer atrapar la liebre. Nunca aprenderé.
Era hermosa, pero tenía la mirada triste. ¿Estaría sola? No es como Claudia.
Claudia... si no hubiese sido por el hombro... me quedé demasiado tiempo.
No tengo prisa pero he de llegar. ¿Para qué? sentimentalismo, curiosidad, cansancio, tanto da. Ella me lo dijo: ¡Quédate! Pero yo no podía. Lo intenté. Allí estaré guarecido de del viento, aprovecharé para descansar y arreglarme la mochila. He ido muy rápido. Otra vez toda tan parecido.
-- Eres joven, aún tienes tiempo de crearte una situación.
-- ¡Quédate conmigo!
Hay tiempo, soy joven, no me atrae esa vida, ¿o sí? Es igual, me fui.
¿Luego? Luego ya veremos, así pensé entonces. El tiempo ha pasado.
-- Muchacho, todos hemos tenido ilusiones, todos hemos tenido que marchar. Fíjate cuantos han vuelto: todos o casi todos. Y somos felices, hemos madurado. La ilusión es el agua de la vida: se evapora con los años.
Cobardía ante el futuro pensé. Yo he madurado, pero aquí en la soledad.
Estoy cansado, ¿y si durmiera? hace tiempo que no lo hago. No es mejor que no. Más tarde.
Otra vez tendré que cuidar el hombro, no está bien a pesar del tiempo transcurrido.
-- Pudo ser peor, dijo el médico.
-- ¡Si no es por él nos ahogamos todos!
Ella estaba allí ¿o lo imaginaba? Era verdad, había sido duro pero no excesivamente  --eres joven-- y además pudo haber resultado peor. Su padre era --¿es?,¿habrá muerto?-- una gran persona. Debía ser alguien importante. Seguramente fue un joven notable de porvenir asegurado. ¿Le cambiaron los años?
-- hay varios modos de encontrar alimento, con el rebaño o fuera de él --me dijo. Cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes. Si la oveja va con el rebaño el lobo ataca menos veces y si va sola cuando encuentra alimento le satisface más.
-- ¿Y si van dos ovejas? , era Claudia
Estuve a punto, pero pasó.
Amanece. Antes de dormir he de buscar una fuente y llenar la cantimplora. Casi no bebo, pero hay que estar preparado ante cualquier posibilidad. El sol todavía no está en lo alto. ¿Cuántas horas habré dormido? Quizá siete u ocho. Si fuera artista me quedaría a ver y admirar el paisaje, pero no lo soy. Es una lástima, me gustan los colores. Amarillo.ocre mezclado con verde.
-- ¿te gusta? Es un verde muy bonito, ¿no?
-- Estás preciosa.
Si, lo estaba y además era inteligente. Era del rebaño aunque le gustaba salir en busca del alimento. Sabía y además era natural. ¿Fue eso lo que me llamó la atención?
¿Que camino sigo? El izquierdo conduce a la montaña y tengo provisiones todavía; aún no de volver. No todavía no. Los árboles mueren lentamente, no hay nieve. Tardaré poco ya. Alternan los colores. Bonita época el otoño aunque algo triste. Un día probaré, puede que llegue a pintar algo.
-- Son los retratos de la familia-- me dijeron. Todos con ojos tristes como ella. ¿Cuántos años tenía entonces? Era joven y hermosa. Quizá sea feliz. No, los ojos eran demasiado tristes. Me acogieron muy bien. Todas las noches había música. Sabían tocar. Se extrañaron cuando lo hice yo.
-- ¿Dónde aprendió? ¿Sabe que lo hace muy bien?
-- ¿Compone usted también Ricardo?
--Si señora y si me lo permite haré un retrato musical de Claudia.
Ella enrojeció. Mirada triste.
Aquí hay una buena vara. Puede servirme. La navaja no, mejor el cuchillo.
¡Qué flores más bonitas! también ellas crecen en grupo y no se separan. Allí hay una en soledad. ¿Morirá aquí sola? Está cortada, solo el grupo como unidad es capaz de sobrevivir, pero ésta revivirá. Parece que sonríe, antes tenía el semblante triste. Mirada triste. ¿Será feliz?
-- Estoy de acuerdo, la felicidad es la consecución de aquello que satisface nuestros deseos y por ello la felicidad es dinámica, cambia a cada instante y no es la misma para dos personas aunque vivan los mismos hechos.
-- Si las dos personas se quieren ¿no desean lo mismo?
-- No, Claudia. Solo comparten algunos deseos otros no. Esto hace que la felicidad, como tantas otras cosas. sea personal e intransferible y en cierto modo egoísta.
-- De todos modos la felicidad de los demás influye en nosotros, nos alegra o nos deprime, pero no nos deja indiferentes.
Todos los retratos con la mirada triste. Toda la casa.
-- Ricardo sé como piensas porque yo pensé igual durante un tiempo, cuando era más joven que tu. Ve la alegría de la casa --mirada triste, es hermosa-- ¿por qué no lo piensas y te quedas? Ya sabes que a Claudia ...
-- Si , si, lo pensaré; gracias.
Casi me quedo, no por él, no. Claudia.
A medio camino ¿quién puede más el rebaño o la oveja solitaria?
Aquí podré comer. Dejaré la mochila buscaré algo. Tengo que tapar el roto de ayer ¿o es nuevo? Creo que confundo las cosas. Han pasado los años, no soy tan joven como al irme. La oveja solitaria busca, es más independiente, pero tiene menos posibilidades. Con el tiempo vuelve.
-- El rebaño va lento, despacio; recorre un camino seguro y lo hace concienzudamente. La oveja se mueve inquieta y puede irse a su antojo, solo que con menos visión.
Entonces era yo más orgulloso, ahora más viejo.
¡Ya está! Todo arreglado, aquí no ha pasado nada. Tendré que hacer fuego. La madera está húmeda. ¿Vale la pena? Y lo otro ¿ha valido la pena? Los años pasan.
-- Cuando tengas más años lo verás; no será tarde pero si muy difícil volver. El rebaño mira con desagrado a la oveja negra ahora,  al volver es una intrusa.
De todos modos ha valido la pena. Encontré cizaña y otras veces hierbabuena, pero no mi alimento. No hubiese sido diferente con el rebaño. Probablemente haya muerto; también --como él-- yo he cambiado con los años.
Una madriguera, tendré que buscar el modo, quizá coma conejo. Gazapos. Mejor, con el tiempo se adquiere práctica. ya está, joven y de buen aspecto. La mirada asustada, no triste. Hermosa como ninguna, no para un rato y para siempre era demasiado. Me fui. Si se ha ido ¿se habrá llevado la mirada? ¿Será feliz? Nobles de linaje y de corazón, sin embargo..
¡Mierda! una piedra en el zapato ¿cómo se habrá metido? Dejaré el gazapo, no vale la pena. Corre, eres libre. Vuelve con los tuyos. Libertad. ¿Pare qué? ¿para volver?
-- Si te vas y no vuelve ten éxito en lo que emprendas. Encuentra tu alimento de oveja y si no vuelves ... recuerda donde estoy.
Hace ya años de ello.
-- La oveja vuelve al redil, como el hijo pródigo.
Lo medité, no quedaba otro remedio ¿o sí? Antes nunca lo hubiera creído posible. Los años pesan. El orgullo se desvanece. Ahora, ahora no sé, puede que me quede aunque no haya nadie.
-- Te esperaré.
Los años pasan. Ya no soy como entonces. ¿Eh? Música, alguien pasa con música. Lejos.
-- ¿Dónde aprendió a tocar? Claudia me ha dicho que toca usted. Yo hace mucho que no lo hago. ¿Querrá usted enseñar a Claudia?
Solo durante un tiempo. Luego me fui. Huí. No podía quedarme. Hoy si.
Vida, libertad, aventuras todo pasó. La oveja que vuelve ¿tiene sitio en el rebaño?
-- Eres joven puedes crearte una posición.
Ya no, la tuve y la dejé. Quizá buscaba lo que aún no he encontrado. O quizás si. ¿Es esto lo que buscaba? Mañana lo sabré.
-- Te esperaré.
No, solo iré a por provisiones, las necesito.
He de volver a verla. La nostalgia es el recuerdo de un amor extinto o en tinieblas. ¿Dónde estará?
Años de lucha. Creé una posición, lejos, en otro rebaño; pero no era la que buscaba. Lo dejé todo. La oveja no cambia de rebaño, o lo abandona o se queda. Y si lo abandona ... con el tiempo vuelve.
Mañana llegaré.




miércoles, 8 de mayo de 2013

Libertas Inestimabilis Res Est







(del Cuaderno de Notas de Ibrahim S. Lerak)


                                                                          Die Freiheit und die Liebe                   
                                                                          sind meine beiden Triebe;
                                                                          für die Liebe opfre ich den letzten Hauch
                                                                          für die Freiheit opfre ich die Liebe auch
                                                    
                                                                          Sandor Petöfi*

  
   A través de la espesa selva avanza rápido Serog, casi despreocupadamente. La jungla solo traiciona a quién no la conoce y él se identifica con esta zona de magna vegetación. Conoce bien los recodos y las sendas. Le han enseñado a leer las más insospechadas señales. Es un buen Kreen-Akrore y nada ha de temer, ¿acaso no le ha elegido la tribu especialmente para esta misión? Más adelante, cuando llegue a los pantanos deberá ser precavido; allí la seguridad depende de muchos factores, algunos externos a él.

   Hace ya una luna que la tribu se reunió para discutir el problema. Los viejos consejeros del jefe querían evitarlo; pero los jóvenes, alentados por los rumores que habían llegado a la selva –rumores traídos por el viento y esparcidos por otras tribus- exigían la confirmación. Era necesario hacer algo para solucionar el problema y mantener a la tribu unida. Por eso el consejo de ancianos decretó la partida de Serog. Disponía de cuatro lunas para volver. Si agotado el plazo no hubiera vuelto, la tribu seguiría como hasta entonces y si volvía...., si volvía, dependía de él. Sabía que los jóvenes tendrían en ese momento los ojos y la esperanza puestos en él. Todos le envidiaban. Pero él, Serog, había demostrado ser el mejor, el más aventajado de los Kreen-Akrore y por ello resultó elegido.

   Todavía no sabía cuanto faltaba. Las noticias que dieran otras tribus indicaban que iba en la dirección correcta. No podía faltar demasiado. Tal vez al cruzar la marisma viese recompensados sus esfuerzos. No podía ni debía fallar. Al anochecer hizo una fogata y se preparó para descansar. A su lado dejó la lanza, preparada ante cualquier eventualidad. De su cinto pendía el cuchillo que le había regalado el jefe. El arma fue encontrada un día durante una jornada de caza y desde entonces era considerada signo de buen augurio. Su posesión implicaba la benevolencia de los dioses. Desde el día en que fue hallado – en época del abuelo de su abuelo- solo el jefe estaba autorizado a llevarlo. Y ahora le pertenecía a él, a Serog, en señal de aliento ante la dificultad de la misión encomendada. El amanecer acabó con su dormitar lleno de fantasías, anhelos y supersticiones. Innumerables murmullos parecían brotar de entre los árboles; pero ninguno de ellos mostraba nada anormal. Serog se levantó y tras acabar la pieza cobrada el día anterior prosiguió su marcha incierta, dejándose guiar por el instinto, atraído por la aventura y pensando en que a su vuelta –y tras la muerte del jefe- sería él quien dirigiese a los Kreen-Akrore.

   No cabe duda de que los dioses le son favorables. Hasta ahora no ha tenido dificultades. A veces piensa con nostalgia en lo que ha dejado atrás, en todo lo que significa para él. Cuando el sol alcanza su cenit, Serog llega al lago. Le falta poco para alcanzar el pantano, que ha de significar la realización de su misión. Como respuesta al pesado calor que envuelve al día, Serog penetra en la laguna para refrescarse y relajar su cuerpo del esfuerzo realizado. Tras un breve juego con las aguas azul-verdes se impone la necesidad de proseguir la marcha. A media tarde alcanza el pantano. Las precauciones en esta zona deben ser extremas. Aquí la naturaleza es acérrima enemiga del hombre. Parece como si quisiera permanecer inhollada y virgen, desafiando a quienes pretenden conocerla. Incluso el valeroso Serog siente el mágico poder que emana la espesura. Cautelosamente, paso a paso, se interna el kreen-akrore en la vegetación. Su mente, en constante alerta, capta todos los ruidos y su mano está presta a la defensa en todo instante. La selva parece indiferente a este caminante solitario que avanza con precaución. Pero la indiferencia es solo aparente, las obscuras fuerzas naturales se combinan –gobernadas por el designio de algún dios herido por la osadía- y golpean al invasor que profana el recinto sagrado.

   Cuando Serog despierta no reconoce el terreno. El pantano ha desaparecido misteriosamente. ¿Acaso ha muerto? Busca en su memoria el recuerdo de lo acaecido y solo halla una parte: finalmente cayó en el pantano, recuerda haber gritado aunque no puede asegurarlo. Luego....., luego nada; hasta ahora que despierta sin saber donde se halla. La selva aquí es más clara y el sol se alza majestuosamente a medio recorrido. Serog se incorpora. Súbitamente le alerta un ruido cercano; contra la tupida vegetación se recorta la silueta de un hombre extraño y complicada vestimenta; de pálida tez, algo en su porte le hace arrogante. Los pensamientos se agolpan febrilmente en Serog: primero cree ver un dios, luego una ilusión y finalmente recuerda los rumores del viento. Vanamente busca su lanza y su cuchillo. Valiente Serog se acerca al blanco, lentamente, con cuidado, pues ha oído (¿dónde? ¿cuándo?) que los blancos pueden ser más peligrosos que toda la jungla. El blanco, tras un corto lapso de indecisión avanza y efectúa un movimiento que no precisa traducción: sonríe con las manos extendidas en señal universal de paz y respeto. Serog sonríe también, imita el gesto y, más confiadamente, se acerca al extraño. No obstante está tenso; prevé la culminación de su misión. Los rumores eran ciertos; debe pues, ser cauteloso a pesar de todo.

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   El galopar del tiempo cambió la luna. Durante este tiempo Serog ha convivido con el blanco, a quien ha considerado sucesivamente dios, ser superior y amigo. El blanco le ha enseñado muchas cosas, le explicó como la casualidad quiso que le salvase del pantano al atraerle el grito lanzado por Serog. Éste, contento ha recobrado su preciado cuchillo –símbolo de poder y benevolencia de los dioses- y aprende cosas que hasta ahora consideraba inexplicables o mágicas. Al principio les costó entenderse, pero el blanco hablaba como otras tribus y finalmente la comunicación fue posible. La mayor dificultad radicaba en la concreción de términos abstractos que Serog interpretaba como leyes naturales. Conceptos como “sociedad” y “alma” eran fáciles, pero no sus implicaciones. Serog entendía las definiciones “per se” aunque no concebía la necesidad de muchas de las cosas que le eran explicadas.
- Comprendo que vuestras tribus se unan para vivir juntas, pero ¿con qué objeto concreto? ¿por qué no cazan o cultivan cada una de ellas su parte?
El blanco contestaba casi siempre en los mismos términos:
- El avance de la sociedad exige este sacrificio. El hombre vive mejor si se reúne y coordina sus esfuerzos. Así se hacen más poderosas todas nuestras tribus, crean armas y distribuyen mejor la riqueza. Todos son iguales y todos están mejor atendidos.

   Las conversaciones entre Serog y el blanco se hacían interminables; Serog inquiría cada vez más y el blanco respondía siempre con ideas, con teorías y con pocos hechos concretos que entendiese Serog.


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   Serog atraviesa otra vez la madre jungla que tanto le ha dado. Vuelve a estar en territorio de caza de su tribu, los nómadas Kreen-Akrore. No obstante, le quedan todavía muchos días para alcanzarla. En su corazón late una agridulce mezcla de pena y alegría. Su andar es mecánicamente ágil, pero su espíritu está turbado. Poco ha que cruzó la primera tribu en su camino de regreso. Le preguntaron por su misión; querían saber si existía el blanco, si había que acatarle o combatirle.

- El blanco no existe, es un rumor falso; el viento lo creó y el viento se lo llevó. Breve, casi cortante había estado Serog en su respuesta. En su rostro ningún músculo traicionó su máscara estática. Era cierto. El blanco ya no existía. Lo había matado él. A su amigo. A quien le salvara la vida. Aquél de quien tanto aprendiera ya no existía. Murió porque era una amenaza. También era una promesa de nueva vida, de una nueva era que indefectiblemente llegaría y que acabaría imponiéndose; pero Serog tuvo que matarle. Recordaba sus dudas y sentía el temor de haberse equivocado. Y sin embargo así debía ser. En sus largas conversaciones con el blanco descubrió que su amigo no era libre.
­
- Entonces ¿las tribus blancas no son libres para decidir sus intereses? ¿Tampoco es libre el blanco a pesar de su unión?
Varias veces lo discutieron y la respuesta era negativa.
- No, el blanco no es libre, debe resignarse a perder su libertad en bien de la sociedad. Sus actos están marcados por unas pautas que evolucionan demasiado lentamente. Pero es en bien del progreso y de la comunidad.

   Puesto que el blanco no era libre no debía amenazar la libertad de los demás; y entre los demás estaban los Kreen-Akrore. Serog decidió. Prefería ser bárbaro, pero libre. La libertad, decían los ancianos, es la máxima cualidad del hombre. Sin ella la vida carece de sentido. Y tenían razón.

Serog no sería jamás jefe de la tribu a la que había condenado al nomadismo por algunos años más, hasta que volviese otro blanco y les venciese; pero, mientras, seguirían totalmente libres.

  
  
* Traducción del encabezamiento:
    
     La libertad y el amor
     son mis dos motivaciones;
     por el amor sacrifico hasta el último aliento,
     por la libertad incluso el amor.