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viernes, 20 de abril de 2018

¿Cuánto vales?



No todos los espejos devuelven la misma imagen. No creas a ninguno, haz el promedio porque siempre hay intereses detrás.

No excita más un "lo conseguí" que el "voy a intentarlo". 
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de notas)


En las reuniones del club de narizones suele hablarse del complejo producido por los prominentes apéndices nasales y su influencia en el carácter de las personas. Por ello se le invitó al orador que preparara su tema relacionado con ello. Como siempre su intervención dio pie a un amplio intercambio de opiniones. Puesto que era un tema de complejos creados el ponente habló de lo que valemos como personas. Esto es lo que nos dijo:

-- Hay varias historias que muestran que el valor es algo intrínseco. No la valentía, el valor, lo que vales. Hay un ejemplo  donde esto se ve claramente y que lo relaciona con un adolescente que está pasando por momentos muy duros. Lo típico: padre que critica severamente, madre que no toma partido, hermanos que se ríen de él y le usan de chivo expiatorio; aspecto poco agradable, lleno de acné juvenil, el caminar desgarbado y la voz en pleno cambio completa el cuadro. Nadie le toma en serio, por lo que se siente despreciado y su autoestima está por los suelos. Esta situación afecta a su rendimiento en el colegio. No presta atención en clase, no hace los deberes y suspende todo. Además como su actitud ha cambiado, sus amigos le dan la espalda, le critican y se burlan de él... hasta que un día... un buen profesor lo notó y decidió ayudarle.

Al terminar una clase le pidió que se quedara. De mala gana, se quedó mientras sus compañeros salían riéndose de él ya que suponían que iba a ser castigado. Un breve silencio generó un poco de tensión entre el profesor y el joven. Entonces, lentamente el profesor sacó un billete de 500 euros tan nuevo que todavía no había sido ni doblado. Los ojos del alumno empezaron a brillar y él a sentir curiosidad

¿Lo quieres?¿quieres que te de este billete?  --dijo el profesor
- Si – respondió el joven con voz baja y dubitativa
Tómalo, es tuyo.
Pero cuando el joven se levantó de su asiento para tomar el billete, el profesor continuó:
- Espera un momento, déjame hacer esto –dijo mientras arrugaba el billete una y otra vez– Ahora si es tuyo, ¿todavía lo quieres?
- ¡Claro que lo quiero! – contestó el joven con cara de extrañeza.
- Se me olvidaba algo –replicó el maestro mientras dejaba caer el billete para pisotearlo repetidamente– Creo que así estará mejor ¿todavía lo quieres? –dijo mientras lo recogía del suelo.
- Por supuesto – dijo el joven.
- Ah, casi se me olvida lo más importante –volvió a interrumpir el maestro– mira lo que hago ahora y ante la mirada de asombro de su alumno comenzó a escupir el billete una y otra vez hasta que tuvo un aspecto baboso y desagradable. Finalmente lo tomó con mucho cuidado por una esquina y levantándolo en dirección a su alumno le dijo:
Ahora si es tuyo, ¿Todavía lo quieres?
- Sí, por supuesto que lo quiero – contestó con voz fuerte y determinación. 
- ¿Pero, porqué lo quieres si está todo arrugado, pisoteado y hasta escupido?
Por qué a pesar de todo siguen siendo 500 euros– contestó de inmediato el joven.
 - Has aprendido bien la lección, ahora aplícala a tu vida– igual que el billete, cada uno de nosotros tiene un valor que nadie nos puede arrebatar. Tu valor como persona, como ser humano, no va a cambiar si otras personas te maltratan, te humillan, te desprecian o te agreden o si no creen que estás a la altura de lo que esperan de ti.  Sin importar lo que te hagan o lo que otros piensen de ti, tu valor seguirá siendo siempre el mismo. Pero depende exclusivamente de ti que te des cuenta de todo lo que en realidad vales, de todos los dones que tienes, de toda la energía positiva que vive dentro de ti, de toda la capacidad que tienes para dar y amar.

No le prestes atención a las opiniones necias y desfavorables de quienes te rodean. Un día despertarás y te darás cuenta que en realidad tu vida es invalorable. Empezarás a preocuparte menos por lo que otros piensen de ti el día que te des cuenta de lo rara vez que esos otros piensan en ti. Tampoco quieras ser perfeccionista, es una tendencia actual, casi exigencia que puede ser extremadamente dañina porque alimenta el miedo y la duda, llegando incluso a paralizarnos o crearnos estados de angustia. 

El profesor continuó hablando sobre las virtudes y aspectos positivos que él veía en su alumno.  La cara del joven había cambiado por completo, su postura encorvada se había enderezado, sus ojos volvían a brillar y cuando salió, lo hizo con la actitud de quién está dispuesto a conquistar y comerse el mundo. 

Para muchos, el David de Miguel Ángel es la obra mejor esculpida de todos los tiempos. No todos recuerdan que la escultura nació de un enorme bloque de mármol que se había quedado en el patio de obras de la catedral de Florencia, después de que un artista hubiera hecho dos agujeros y haber sido incapaz de convertirlo en algo más. Se consideraba inservible a pesar de ser de gran calidad. Miguel Ángel supo ver lo que había dentro y sacarlo a la luz. A veces necesitamos que alguien vea en nosotros un valor que los demás no saben apreciar, pero una vez descubierto se brilla con luz propia independientemente de que a los demás les guste o no porque el timón de nuestra vida lo llevamos nosotros y no los demás salvo que seamos masoquistas y nos complazca el sufrimiento, que es algo opcional y no una imposición.

Del mismo modo que el enemigo de la vida no es la muerte sino el desaprovechamiento, el enemigo de no creer en nosotros mismos es el dar la capacidad de juicio a los demás y no creer en nuestra manera de ser y sentir. No hay que menospreciar a los demás, solo hay que ponerles en su sitio, no como eternos e implacables jueces. Es cierto que no somos buenos en todo, ni tan solo en lo que nos gusta, pero es que para ser bueno en algo -salvo que seas superdotado- hay que estar dispuesto a ser malo en eso durante un tiempo. Que no es fácil está claro, tampoco lo marinos aprenden a ser hábiles en aguas tranquilas. Si quien critica es marino experto, analicemos y aprendamos, si es alguien que critica desde el puerto dejemos que el viento se lleve las palabras.

Que dudemos de nosotros mismos a veces está bien. No se avanza si no pasamos una crisis, pero no debemos dudar continuamente de nuestro valor. Si lo hacemos...tenemos que reconocer que hay un problema que no hemos resuelto y ponernos urgentemente manos a la obra en la solución. Posiblemente necesitemos a alguien de fuera, incluso a un desconocido, pero no debemos postergarlo. Nos jugamos la felicidad. Nadie puede ser feliz si no está bien consigo mismo. Es imposible, solo hay remedos y sucedáneos de un amor efímero porque siempre choca con la duda sobre nuestro propio valor.

¿Podemos hacerlo? Sin duda. No hay más que preguntarle la hora a un ciego y ver que se equivoca de bien poco. Siempre podemos percibir las señales del entorno para entender y saber, aunque para ello haya que renunciar a algún sentido y en este caso al "pobre de mí que no soy nada, no sé, no puedo,.." etc.
La duda es lícita, la inacción no.


Como siempre la polémica estuvo servida. Fue larga y fructífera. La verdad es que sirvió para que más de uno se diera cuenta de que los demás son los espectadores de nuestra vida, pero nosotros los actores.

lunes, 12 de marzo de 2018

¿Conocerme? ¡Imposible!




¿Conocerme? No, gracias. No quiero hundirme en la desesperación.
(Anónimo)

Conocerse a sí mismo implica un camino de perfeccionamiento, de hacerse mejor y adquirir conocimiento sobre la propia naturaleza y limitaciones, pues no podemos desarrollar nuestra naturaleza si no sabemos cuál es.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de notas)

De las tareas más difíciles del hombre sobresalen la del conocerse, soportarse y colaborar con los demás.
(K., Notas dispersas)




En la reunión del círculo se había hablado ya hace unos años del famoso Nosce te ipsum, (en griego: γνῶθι σεαυτόν) conócete a ti mismo. Es un tema que suele resurgir en los encuentros y esta vez quisimos explicar, mejor dicho el ponente nos explicó, que es imposible conocerse a si mismo. 

Lo que podemos conocer está limitado por la capacidad de nuestro aparato cognoscitivo. Imaginamos el mundo a partir de nuestros sentidos. Todo nuestro conocimiento depende en primer lugar de ellos. No percibimos nada que no podamos oír, ver, sentir, degustar o palpar; no figurará en nuestro mundo nada a lo que no podamos acceder por la vía de nuestros sentidos. Incluso para podernos figurar las cosas más abstractas, estas se nos deben ofrecer por medio de símbolos que seamos capaces de ver o leer.

Para disponer de una visión del mundo objetiva, necesitaríamos un aparato sensorial que cubriera todo el espectro de las percepciones sensoriales posibles: los ojos del águila, el olfato de los osos (que les permite oler a kilómetros de distancia); el sistema sensorial de la línea lateral en los peces, las facultades sismográficas de las serpientes, etc. Pero lamentablemente  no disponemos de estas características. Nuestro mundo no es tal como lo vemos. Nos pasa como al pez que en el acuario le dice a su hijo «El mundo, hijo mío, es una enorme caja llena de agua».

La pregunta entonces parece que debería ser ¿cuál es el mundo real? Sin embargo, si vamos al origen del hombre, fue más importante contestar a ¿qué es lo mejor para mi supervivencia y progreso? Lo que no reportase nada a este fin tenía pocas posibilidades de desempeñar un papel importante en la vida y en la evolución. Y la teoría dice que para sobrevivir el hombre, la evolución ayudó creando un cerebro con distintas zonas.

Actualmente, se cree que el cerebro se divide en: tronco cerebral (o tronco encefálico), diencéfalo, cerebelo y cerebro propiamente dicho. El tronco encefálico constituye la mayor vía de comunicación entre el cerebro anterior, la médula espinal y los nervios periféricos y permite que las impresiones de los sentidos lleguen al cerebro. Controla varias funciones como la regulación del ritmo cardíaco, la respiración, el metabolismo y  también reflejos, tales como el pestañeo, la deglución y la tos.

El diencéfalo es una pequeña zona situada encima del tronco cerebral. Su papel principal es el de intermediario y supervisor emocional; percibe las impresiones de los sentidos y las transmite al cerebro. Este sistema formado por nervios y hormonas controla el sueño y la vigilia, nuestras sensaciones de dolor, la regulación de la temperatura corporal, pero también nuestros impulsos, por ejemplo nuestra conducta sexual.

El cerebelo tiene una influencia determinante en nuestra capacidad motriz y aprendizaje motor. Además del control de la motricidad, también está relacionado con ciertas funciones cognoscitivas, como el procesamiento del lenguaje, el comportamiento social y la memoria; todo ello, sin embargo, a un nivel inconsciente.

El cerebro propiamente dicho se encuentra encima de las otras tres zonas. Su tamaño es algo más del triple de las otras tres partes del cerebro juntas. Puede dividirse en muchas regiones, entre las cuales cabe distinguir las áreas sensoriales «más sencillas» y las áreas asociativas o «superiores». Todas las grandes capacidades intelectuales dependen de la actividad del córtex asociativo, aunque no exclusivamente de él.

La tomografía axial computarizada (TAC) y los escáneres de resonancia magnética permiten observar con gran precisión los procesos de nuestro cerebro. Si antes solo se podían mostrar procesos eléctricos o químicos, las nuevas técnicas miden el flujo sanguíneo y ofrecen imágenes de alta resolución. Gracias a estos avances, la investigación aspira a desentrañar el sistema límbico, la principal sede de nuestras emociones y sensaciones. La incógnita sigue siendo el por qué sentimos una determinada cosa de un modo determinado. Las sensaciones y pasiones personales no pueden explicarse en virtud de procesos neuroquímicos de índole general. Ni los instrumentos ni las conversaciones con un psicólogo pueden acceder ni hacer visible ese mundo vivencial. Una vez que le preguntaron a Louis Armstrong qué era el jazz, respondió: «¡Si lo tienes que preguntar, es que jamás lo comprenderás!». Las vivencias subjetivas son inaccesibles, incluso para la investigación del cerebro. Si toco una pieza de jazz, el escáner de resonancia magnética puede mostrar que en determinados centros emocionales de mi cerebro aumenta el aporte sanguíneo, pero no explica ni qué es lo que siento ni por qué siento eso.

Es lícito preguntarse entonces  si no estarán haciendo los investigadores del cerebro, lo mismo que vienen intentando hacer los filósofos en los últimos dos mil años: entender mediante el pensamiento el propio pensamiento. Profundizar en sí mismo por medio del pensamiento y en la medida de lo posible observarse pensando fue un modo de conocerse, pero no aportó nada al proceso del pensamiento en sí. Estudiar la mecánica de cómo se crea el pensamiento o como se crean las emociones es una tarea que contesta al cómo, no al ¿por qué? ni mucho menos al ¿qué es?

Conocerse no es saber describir los mecanismos físicos que se producen cuando algo pasa en nuestro interior. Conocerse es entender que origina un sentimiento y un pensamiento, aceptarlo, saber si es modificable o no y actuar en consecuencia. Conocerse es saber que potencial tenemos y que características son las nuestras, no las que reflejamos en la sociedad ni las que desarrollamos por el empuje de nuestro entorno, aunque eso también forma parte de nosotros mismos.

Somos el resultado de un cruce de algoritmos. Uno es el genético, una carga importante, sin duda, pero no definitiva. Ahora sabemos que se pueden despertar y dormir genes, que se pueden alterar en determinadas circunstancias sin intervenir médicamente en ello.  Otro es el social, la complejidad y características sociales que nos llevan al proverbio árabe de “un hombre se parece más a su tiempo que a sus padres”. Ambos crean junto con los condicionantes sociales una mezcla que es lo que llamamos personalidad  que nos hace únicos. Pero no tenemos la llave del cómo funciona y por tanto no sabemos cómo prevenir una acción o alterarla. Si esto es así no podremos conocernos de verdad.

Entonces ¿qué podemos hacer? La respuesta es aplicar medidas paliativas. Como si fuera una enfermedad de origen desconocido: mientras investigamos evitamos el dolor y eliminamos los síntomas.  Es decir intentemos que en el equilibrio entre la razón y la emoción actúe más la razón como freno que como justificante de la acción. Esa racionalidad impuesta previamente a la acción visceral nos dará la pista del porqué actuamos y al analizar el cómo actuamos podremos tener un retrato robot de lo que somos aunque no lleguemos nuca a conocernos. De la honestidad de nuestro análisis depende la fidelidad del retrato al modelo. El peor enemigo para el análisis es la autocomplacencia, que nos lleva a suavizar los trazos y a justificar las imperfecciones.

No podemos conocernos íntimamente, pero si podemos y debemos hacer el esfuerzo de crear el autorretrato lo más fiel posible y estimular con acciones impuestas el disparo automático del algoritmo para mejorar en lo personal y en lo social.

Nos dejó con la duda de si es posible conocerse o no, pero tras la discusión de la ponencia la verdad es que todos sabíamos algo más de nosotros mismos y de los demás.




viernes, 1 de septiembre de 2017

Techo de cristal


Tenemos dos vidas y la  segunda comienza cuando te das cuenta que sólo tienes una.
Mario de Andrade, (Golosinas)

Siempre hay un techo de cristal que hay que atravesar.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de notas)

Cruzar el fuego no requiere solo valor; se necesita confianza en que detrás hay algo.
(K, Anotaciones dispersas)

Failure isn't the enemy - fear is. After all we learn by failing.
(Carla Needleman)


En las reuniones del círculo suele aparecer la expresión "techo de cristal" en relación al límite que parecen tener las mujeres y algún tipo de directivos para acceder a determinados puestos relevantes. Es un techo que no se ve pero está y no puede atravesarse fácilmente. Por ello encargamos a Eladio que preparara una conferencia bajo este título ya que es un reconocido experto en temas laborales. 

--Permitidme que use mi prerrogativa de orador y os dé mi visión de lo que implica el título de la conferencia. El techo de cristal no se da solo en el mundo laboral sino especialmente en el mundo personal. En éste ambito es mucho más importante porque está formado por los miedos, las convenciones, las dudas, las creencias y las consecuencias que esperamos a nuestros actos aunque solo sean imaginarias. 

No es visible, solo se percibe cuando queremos la esencia y empezamos a tener prisa. Hasta entonces se llama destino, sociedad, capacidad, trabajo, suerte e incluso resignación. No lo ve todo el mundo, hay que saber reírse de uno mismo, ser realista, no pesimista ni optimista, realista; hay que querer afrontar las responsabilidades y en las palabras del poeta ser de aquellos a quienes los golpes de la vida les enseñaron a crecer con toques suaves en el alma. Uno de los graves problemas que impiden verlo es el terrible "se tu mismo" que nos imbuye la sociedad y que de buena fe recomendamos a los amigos. Pero ese se tu mismo es  un disfraz de un yo interior para relacionarse con la sociedad. Un disfraz que tiene más o menos éxito y que tiene dos grandes inconvenientes: puede que de tanto actuar ya no sepamos como somos y, lo que es peor, nos estemos repitiendo para mantener eso que los demás perciben como nuestro yo. Con ello no avanzaremos, ya dijo un eminente científico que haciendo lo mismo no se cambian los resultados. Así que si queremos romper nuestro techo de cristal, lo primero es quitarnos el disfraz social y ver lo que hay debajo. Está bien rodearse de personas que sepan tocar el corazón de los demás, pero ni basta ni sirve.

Estamos hechos de sentimiento, pensamiento e instinto o lo que es lo mismo tenemos un comportamiento emocional, racional y visceral, lo que la cultura popular asocia al corazón, cabeza y vientre. Filtramos nuestros problemas y vivencias según domine uno de los tres. Es fácil de saber cual y es muy difícil cambiar o repartir y "darle a cada uno lo suyo". Para romper el techo de cristal debemos primero sentir que existe, algo que suele ir ligado a la prisa, a buscar lo esencial de la vida, que haga que valga la pena vivirla. Luego ver qué domina en nosotros y finalmente hacer ejercicios conscientes para repartir la presión y la acción. 

No hay manuales para aprender a ser humilde, ni ecuánime; ni los hay para adquirir coraje o ser más sobrio y tener más desapego a las cosas; pero si queremos ser auténticos de verdad solo la acción constante nos dará la serenidad de mantenernos el camino hacia nosotros mismos y perseverar en él. Querer mejorar, querer cambiar nos da la fuerza para que baste un leve roce para romper el techo de cristal. Si no creemos que detrás hay algo no lo haremos. Si no creemos que tenemos que pulir la piedra para sacar la figura que está dentro del mármol jamás veremos el techo y siempre será culpa de los demás o de la mala suerte que no podamos llegar a más. Hacerlo solos es más difícil, pero para eso están los amigos verdaderos con su apoyo y ayuda.


Ciertamente el orador habló de un techo de cristal que no era el esperado, pero si es uno cierto, real y actual. Hubo una larga discusión sobre la necesidad de mejora personal. El debate fue intenso y la sonrisa del ponente que sabía que lo había provocado era amplia.





domingo, 12 de febrero de 2017

Yo soy el que soy / I am that I am (III)



Puede que realmente seamos dioses, pero sin escuela. Necesitamos aprender.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)

No es posible la educación de masas, solo la de individuos. Lo contrario es adoctrinamiento y va en contra de la libertad.
(K, anotacioes dispersas)

La escuela, la fábrica y la cárcel constituyen las tres grandes instituciones donde se forja, populariza e interioriza la noción de un sujeto autoconsciente responsable de sus actos.
(Raimundo Cuesta, La escolarización de las masas, un sospechoso y "feliz" consenso transcultural, Cuadernos de Pedagogía, 334, 2004))



Había causado impacto el último conferenciante provocando con su "somos dioses" así que le pedimos una tercera intervención que resumiera el tema y nos aclarara algunos puntos porque los debates anteriores habían sido largos, interesantes y realmente incitadores.

Podemos resumir lo expuesto anteriormente en unas pocas afirmaciones con las que podemos estar o no de acuerdo, pero que son reales:
     .- lo que vemos en los demás es nuestro yo en fragmentos, tanto lo que nos gusta como lo que no nos gusta
     .- todo lo que existe es producto de un sueño
     .- detrás del sueño está nuestro cuerpo
     .- si no nos gusta nuestra vida o cambiamos el sueño o nada pasará
     .- sólo tenemos un enemigo para cambiar: nosotros mismos

Pero hay que ser sinceros y honestos, no basta con soñar ni desear. Ya hemos dicho que el deseo ha de ser profundo, real, visceral; pero no basta, hace falta un plan, sin plan es solo un deseo ligero, no un sueño. Hay un plan secreto, interno, que es el de no hacer nada porque nos destruye, destruye lo que hemos hecho y logrado hasta ahora. Es el que elaboramos internamente para no salir de la zona de lo conocido, del confort de lo habitual. La verdadera lucha es contra el yo que nos impide ser libres. 

Mucha gente lleva una vida que podríamos llamar insulsa en el fondo, como hipnotizados por la sociedad y uniformados vamos hacia la muerte del hombre individual. El camino de la insatisfacción permanente nos lleva a abandonar todo intento de salir del círculo. Darse cuenta de ello es el primer paso para reconocer que somos nuestro obstáculo para el desarrollo de nuestras capacidades. SOÑAR, con mayúsculas, nos evita ser marionetas. La vida no es la causa y el hombre el efecto, es al revés. Yo sueño y creo realidad y por ello mi vida. En los demás vemos lo que hay que hacer y lo que hay que eliminar porque todo está en nosotros. Soñar también es jugar a "quita y pon". Quita de ti lo malo que ves en los otros, pon lo que admiras de ellos. Nos es más que potenciar lo que tenemos y somos. "Ellos" son nuestra proyección. No hemos de crear nada nuevo, lo tenemos dentro.

Cierto es que es una guerra con muchas batallas que solo se ganan con dos armas: voluntad y constancia. Lo que cuenta es el compromiso interior y el saber reaccionar; evitar que el pensamiento negativo nos vaya corroyendo. El sueño es realidad sin tiempo, es la semilla de la creación. El mundo es como es porque nosotros somos como somos y no al revés. 

En cuanto a lo de ser como dioses ... bueno, moriremos. La inmortalidad no es evitar la muerte más bien es amar (del a-more: no muerte), crear y perdurar en los sueños. Pero antes de acabar, una última reflexión: el deseo material no es sueño, es tiempo y no podemos poseer el tiempo. El sueño es la ausencia del tiempo, solo así creamos realidad.

Siguieron las intervenciones de los asistentes, una vez más la ponencia había sido provocadora, muy provocadora de hecho. ¿La consecuencia? Cuando llegamos todos a casa éramos dioses en potencia.



viernes, 10 de febrero de 2017

Yo soy el que soy / I am that I am (II)



“Existe la convicción de que tenemos el potencial de ser creativos y de transformar cómo percibimos o experimentamos la realidad. Esto nos otorga una responsabilidad y un poder certeros sobre nuestra vida diaria. Imaginar la vida es una forma de enriquecerla porque la imaginación tiene un impacto sobre la realidad: sabemos ahora que el cuerpo se modifica química y fisiológicamente al ritmo de nuestros pensamientos.”
(Elsa Punset, Inocencia radical)


Si no podemos cambiar ¿dónde queda el libre albedrío?
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)


Dicebamus hesterna die... así comenzó la segunda parte de la presentación, la que pedimos al ponente al hacerse evidente que realmente es nuestro estado de ánimo quien crea la realidad. Habían pasado ya más de un par de semanas, pero citó la frase de Fray Luis de León para marcar la continuidad. 

No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo. Es la famosa frase atribuida a Einstein, que en nuestro caso podemos reformular como si siempre haces lo mismo nunca sabrás lo diferente que puedes ser. Algo que parece obvio pero que necesita un principio, ése de romper la resistencia del que hablábamos la vez pasada.

¿Cómo reaccionamos ante un suceso? En función de nuestro estado de ánimo. Si se vierte el café sobre el traje nuevo antes de una entrevista el resultado es ira dirigida contra quien ha causado el desbarajuste. Si se vierte sobre la camisa o los pantalones que no nos gustan y nos ponemos por obligación, la reacción es casi de alegría y no solo no hay enfado sino que hay hasta risas. Es evidente que son nuestros estados de ánimo los que condicionan los hechos: nuestra reacción nos hará tomar un camino u otro y por lo tanto condiciona una secuencia de sucesos y realidades diferentes. Si el estado de ánimo condiciona la realidad y ésta a su vez al estado de ánimo... ¿cómo rompemos el círculo vicioso? Se rompe pensando. Parando. Liberando la mente de la emoción y dominándola. Los hechos son la materialización de nuestro estado emocional, no de nuestra razón que normalmente es débil y solo justifica los hechos pero no detiene a las reacciones. Si no lo hacemos no avanzaremos. Dicho de otro modo: nuestros pensamientos crean un camino, una realidad y atraen los sucesos del futuro inmediato. Y recordad que no dejamos de pensar. Nos da la sensación de que las cosas vienen de la nada, no somos conscientes de nuestra elección cada momento. Nada sucede sin nuestro conocimiento y voluntad aunque no seamos conscientes de ello. Nada personal. La muerte de un pariente o amigo puede no estar relacionada con nosotros, o quizá si; pero eso es algo muy complejo y teórico de momento.

Pensar es crear destino. Los estados interiores y la realidad de los sucesos es lo mismo. La misma relación que materia y energía. Dos caras de la misma moneda. Una de las verdades populares dice que lo similar atrae a lo similar. Si nos preguntamos la razón de que algunos tengan éxito y otros no y lo hacemos honestamente veremos que la base real está en el deseo, en la voluntad en la reacción racional. Esto ABRE un destino. Es muy fácil decir yo soy como soy y si no soy más no es culpa mía, me hicieron así. Nada más falso que esto. Somos como somos porque queremos ser así. O modificamos las reacciones ante lo que nos ocurre (en algún momento hay que empezar) o seguiremos como antes. Si cambiamos el estado interior -ya hemos dicho que es necesario parar y pensar- modificaremos los sucesos, modificaremos el pensamiento y por ende la vida.

Para ese paso de bruto emocional a ente racional hay que seguir tres etapas:
.- la auto-observación
.- el razonamiento
.- el reconocimiento

La auto-observación que nos lleva al camino de la auto-corrección. Hemos de quitar las máscaras del pobre de mi, de nuestros miedos -lo más difícil porque no sabemos si son miedos o realidades aunque siempre son miedos que crean realidades- y las de no podré.

El razonamiento para no caer en la tentación de pensar que todo nos viene sin causa ni razón. Si no lo entendemos y enmendamos, todo seguirá igual una y mil veces.

El reconocimiento del mea culpa. El mea culpa del credo que hemos tomado como algo religioso y es mucho más que eso. Es la muestra de la puerta del nuevo camino. Lo que me sucede es porque yo lo atraigo. Mea Culpa, sí y si lo vemos y entendemos ya habremos entrado en el camino de las realidades positivas.

¿Pero es realmente posible cambiar la realidad? La respuesta es un SÍ, en mayúscula. Solo dos apuntes, los estudios de Bruce Lipton que explican el cambio a nivel celular (esto para los puristas de la ciencia) y el efecto coche. El efecto coche, que es válido con otras cosas, pero más cercano con el coche. Cuando queremos comprar un coche determinado "de pronto" el mundo está lleno de coches iguales al que queremos comprar. Ver esto nos refuerza y nos justifica la compra. ¿Hay más coches iguales al que queremos comprar de golpe? Obviamente no, es que nuestra mente nos muestra más un aspecto de lo que nos rodea, somo más permeables a nuestra realidad. Acotamos el global y fijamos el interés en algo... que nos conduce a reaccionar de un modo que a su vez crea una realidad que antes solo era una posibilidad.

Para ello, de nuevo os digo, paremos, pensemos y soñemos. El sueño convierte el pensamiento en realidad con el tiempo. Recordemos que el mundo puede ser una pesadilla violenta si olvidamos que somos nosotros quienes lo creamos.


Siguió la discusión tras la provocación del ponente. ¿Realmente somos creadores? Si lo somos, ¿somos dioses? ¿Tenemos libertad para serlo? Fue larga la sesión y salieron varios temas para tratar en las próximas reuniones.




sábado, 4 de febrero de 2017

Yo soy el que soy / I am that I am



Crear orden es pasar de un estado frecuente y ordinario (como un bloque de mármol inicial) a otro altamente improbable y único (la obra de arte), de mayor perfección.
(J. Wagensberg)


El sentido de la vida no lo sabemos, pero será el que seamos capaces de darle.
(Ibrahim S. Lerak, Cuaderno de Notas)

Hay un pequeño espacio entre los deseos y los logros pero solo se atraviesa con el deseo profundo.
(K., Anotaciones Dispersas)



La última reunión mensual del club de los narizones fue curiosa. Todos tenemos en común esa nariz especial que nos hermana, nos hace diferentes a los demás y nos lleva a mostrar orgullosamente que somos especiales. De eso iba precisamente el tema, del Yo soy YO. No era de extrañar que el ponente empezara citando el versículo 3:14 del Éxodo  "Yo soy el que soy" y plantear la pregunta típica: ¿Qué queremos decir cuando decimos “yo soy, yo creo, yo…?

Aparte del bíblico “Yo soy el que soy” ¿Quién sabe realmente lo que es y quién es? Solo quien se conoce a sí mismo, quien es dueño de su vida, quien posee voluntad propia, independiente, puede decir con propiedad “YO”. Los demás somos una amalgama de sensaciones, creencias y temores atrapados en eso que llamamos vida en sociedad y en la que vemos y proyectamos nuestros fantasmas interiores. Somos una multitud de entes en lucha interna y lo que queremos es poner en orden esos entes y cambiar. Cambiar porque cambiando ordenamos, priorizamos, esperamos vivir mejor y también porque cambiamos el mundo. ¿Lo cambiamos realmente? Solo vemos el mundo que nos es afín y mejorando nosotros lo perfeccionamos. ¿Se puede? Sin lugar a dudas aunque no es fácil y no es cómodo. Hay una resistencia a salir de lo conocido, a tomar un riesgo y crear una rutina nueva.

Quizá el primer paso sea vencer la resistencia al cambio. Ese enemigo que llevamos dentro y que nos hace tener miedo a abandonar la zona de confort. Ese enemigo que nos lleva a tener dos vidas: la que tenemos y es visible, y la que podríamos tener y se queda dentro como sueños y no se convierte en real precisamente por la resistencia al cambio hasta que decidimos que el sueño se ha de convertir en nuestra realidad.

¿Pero cómo cambiar? Todos los libros de autoayuda coinciden en ello: teniendo claro que queremos cambiar y venciendo la resistencia. Fantástico... solo que no sirve para nada. Cuando estás en el pozo negro necesitas una mano que te guíe, no palabras. No voy a contaros las historias del caballo o de la rana en el pozo, todos sabemos que hay mucho de decisión propia para salir de él y algo de ayuda exterior. Cuando estás fuera, las palabras de ayuda son bonitas y de poco valor. El primer paso debe ser la reflexión, mejor si es programada y no dedicar ratos aislados que seguro se diluyen en el tiempo. Como decía Somerset Maugham “Escribo solo cuando la inspiración me llega. Afortunadamente llega cada mañana a las 9 en punto”. Es bueno recordar el proverbio judío que reza: "Si siembras una acción, cosecharás un hábito; si siembras un hábito cosecharás un carácter; si siembras un carácter cosecharás un destino." O dicho más simple, el hábito sí hace al monje si se actúa como tal de modo constante. 

Bien, pero ¿qué acción? Lo más importante es parar y reflexionar, darse cuenta de las muchas cosas que llevamos dentro y establecer en qué queremos cambiar. No hablo de un plan de cambio, sí de determinar un objetivo. Si no sabemos a donde vamos no llegaremos nunca. Por tanto el primer paso es la constancia en la reflexión. Parece absurdo, pero si programamos ir al gimnasio a las 7 ¿qué nos impide programar el pensar a las 9? 

Sabemos cuándo y cómo empezar, solo nos queda hacerlo; pero necesitaremos algo más. Soñar. Soñar que somos libres de cualquier atadura, de cualquier creencia anterior, de la sociedad, de nuestros hábitos e incluso de nuestros gustos. Soñar sin dejar de hacerlo, porque el sueño es lo que nos acerca a la realidad, es lo que la hace nacer. Lo difícil es soñar, porque una vez sabemos lo que soñamos es más fácil convertirlo en hechos.

El primer sueño, la primera realidad, es que todo depende de nosotros de nuestra actitud frente a lo que nos sucede. Todos conocéis la historia de la piedra esa que explica que el distraído tropieza con ella, que el violento la usa como proyectil, el cansado como asiento, que David la usó para derrotar a Goliat… y siempre es la actitud del hombre la que nos lleva a un final u otro con el mismo material. Lo mismo sucede con la vida. Según como reaccionemos nos irá y nos desarrollaremos. Pero es necesario parar y pensar. No dejar que nos dominen las emociones. Parar y reflexionar. Concluir. Razón y emoción. Solo así podremos avanzar.

No somos infalibles,  pero somos conscientes de las limitaciones de nuestra vida social y fabricamos nuestra vida soñada. Podemos diseñar el plan del cambio, la transformación del “yo”. Muy probablemente no lo podamos hacer solos, necesitaremos al grupo, al otro, a alguien que pueda activar en nosotros el resorte de la acción y nos sirva de sparring o de guía. Mucha gente no logra cambiar porque no vence la resistencia a luchar por conocerse y dar el paso del cambio. El camino de la auto-mejora cambia nuestro destino y el del mundo que nos rodea. El mundo es algo que nos ha sido descrito y que aceptamos, no algo inamovible. Cambiarlo, cambiando nosotros, está en nuestra mano; pero no banalicemos el esfuerzo, no es como cambiar el lavavajillas o el canal de televisión. No se hace con un clic. Requiere tiempo, esfuerzo, atención y constancia.

Lo que soñamos y creemos es tan real que parafraseando a Henry Ford tanto si pensamos que podemos como si pensamos que no podemos, estamos en lo cierto en ambos casos, pero solo uno nos sirve para mejorar.

La discusión fue larga, variada y muy amena. Tanto que se convino en tener una segunda sesión extraordinaria para seguir con el tema cuando se vio que realmente es nuestro estado de ánimo quien crea la realidad.





lunes, 11 de agosto de 2014

Vacaciones: La cojera vital / Holidays: The vital lameness


La felicidad cuesta de encontrar dentro de nosotros, pero sin ella es imposible encontrarla en los demás.  (Atribuido a Sakiamuni). 

Sawubona! Sikkhona! 
(Saludo zulú).        


¡Cómo no!, en Agosto no hay reuniones del círculo. Todos estamos, o al menos queremos estar de vacaciones. Unos más, otros menos y por ello la reunión del círculo tuvo lugar casi a finales de Julio. En esta ocasión el tema obligado eran las vacaciones. Era lo más cercano, lo más deseado y lo que más prometía. Viajes, descubrimientos, pesca, relax, aventura o simplemente descanso. Ocio programado para un tiempo de felicidad propia y con los propios. Así que nuestro filósofo preferido cambió su tema y nos hizo reflexionar sobre nosotros mismos. Filosofía para mocosos nos anunció cuando aceptó preparar la charla-excusa, esa excusa para una reunión de amistad, de reflexión y muy gastronómica.

Cuando se levantó, nos miró a todos detenidamente; nos preguntó por las vacaciones: Siempre van bien las vacaciones y os gusta programarlas con detalle ¿verdad? Parece que programarlas aumenta el gusto de poder escapar de la rutina. En la breve pausa que hizo sonreímos y asentimos, ¡claro que se disfruta con ello! Pero no esperábamos la continuación: ¿Y si en lugar de programar las vacaciones para huir de la vida, programáramos la vida para no tener que escapar de ella y no andar cojos todo el tiempo?

Sí, muchos vamos cojos por la vida. No nos orientamos ni sabemos adónde vamos; a duras penas sabemos quienes somos y lo que queremos. Antes la orientación vital la marcaba la religión, ahora lo hace la política que es algo más cercana en el tiempo y, como la religión no da resultados visibles y solo consuelo ante una vida infeliz, parece que la política puede combatir mejor la desigualdad. Claro que la política combate la desigualdad por medio de la guerra sea de ideas, sea de armas. Y si combatimos la desigualdad resulta que estamos ante una uniformidad o al menos ante una mayoría con un pensamiento uniforme y entramos de lleno en la dictadura de la opinión general. Sutil, sin tortura pero igualmente eficiente. Sin embargo aunque todos opinen igual no por eso poseen la verdad. La filosofía está para eso, para buscar la verdad; al menos en teoría; es una religión racional que va con la ciencia.

Lo malo es que no hay en realidad filósofos y si los hay.... no se nota. Las ideas nacen sin saber donde, simplemente se propagan y en un determinado momento alguien con inquietudes afines las plasma y les da la forma. Lo que se ve luego es una teoría, una explicación de los efectos observados bajo una nueva luz que ha de estar acorde con el conocimiento de la ciencia en ese momento. Los filósofos profesionales (más de 12000 actualmente) aportan bien poco a la solución de la gran crisis cultural que vivimos; apenas proporcionan orientación vital ni proyectos novedosos ni contribuyen a la construcción de una cosmovisión actual. No nos orientan sobre como vivir o morir, no nos definen la buena vida. La destreza en el vivir es de interés común y el tema de la filosofía y ... no hay respuestas. 200 revistas de filosofía, 130 mil páginas al año ... todo son análisis del pasado. Nada nuevo y si lo hay, sin influencia en la sociedad. La filosofía contemporánea parece irrelevante para los problemas de nuestro tiempo.

Claro que antes de decidir adónde y por dónde queremos ir, necesitamos saber de alguna manera donde nos encontramos. Conocernos, dentro y fuera de nosotros mismos. Antes de elegir como vivir precisamos tener una cierta idea acerca de como es el mundo en el que estamos. La cosmovisión es el marco de referencia teórico para nuestras consideraciones prácticas. Si queremos vivir bien necesitamos un mapa correcto de la realidad. La sabiduría filosófica se basa en la lucidez y pasa por la búsqueda de la verdad y la construcción de una cosmovisión acorde con el conocimiento científico del momento. Por ello un filósofo ha de ser un devorador de conocimiento científico. No se pueden establecer teorías que contradigan lo probado.

Explicar el mundo es un modo simple para poderlo entender y para ello somos nosotros quienes hemos de dar el primer paso: pensar y responder al famoso Temet nosce o Gnothi Seauton, como lo queráis llamar; lo que está claro es que sin ello iremos siempre cojos por la vida. Más vale programar la vida que las vacaciones, creedme.

Nos dejó pensativos pero no sin ganas de probar el delicioso postre que nos habían preparado para esta ocasión festiva y de verano. Quizá el chef ya sabía de que iba la charla porque nos contó con pelos y señales los componentes de la delicia y la forma de su correcta preparación.  El postre no quedó cojo pero tuvo una corta vida. Otra cosa somos nosotros que nos quejamos por cosas cuyo origen está en que no pensamos lo suficiente. No deja de ser cierto que vale más preparar bien la vida que las vacaciones, pero eso requiere un esfuerzo continuado y no todos están dispuestos a realizarlo.